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CONTRA LA TRIPLE OPRESIÓN DE LAS MUJERES INDÍGENAS

Magali Terraza Ramírez
Bajo el sistema capitalista patriarcal que se apoya en la exclusión y violencia, todas las mujeres son oprimidas y explotadas. Sin embargo, la mujer indígena es quien ha sido víctima directa de un sistema que las coloca en el grado de marginación más alto; son las últimas en ser beneficiadas por algo o por alguien, son las primeras en ser discriminadas, excluidas y oprimidas, no sólo por ser mujeres, sino también por ser indígenas y en su mayoría, pobres. Cualquiera se antepone a ellas, pues estas tres condiciones las hacen más vulnerables.

La indígena desde que es una niña, hasta que se convierte en adulta se enfrenta a una triple opresión, por género, clase y etnia, opresiones que la someten y la hacen vivir las violencias más crueles, en sus diferentes tipos y modalidades, que menoscaban sus capacidades, las expone a explotación sexual y laboral, y a carencias en los ámbitos educativos, laborales, familiares, de salud, entre otros.

En este contexto, la mujer indígena es la más oprimida y la más explotada, porque el capitalismo en su fase neoliberal despoja y precariza la vida indígena, concentra sus recursos, sus instituciones, sus protocolos de género, sus derechos y sus oportunidades en los discursos de las grandes ciudades donde no se encuentra la mayoría de las mujeres indígenas, mientras que las que se ubican en las urbes también son excluidas, discriminadas, violentadas e ignoradas por el sistema. De manera que, las opresiones que sufren las mujeres y niñas indígenas no son naturales, son producto de un sistema que produce y reproduce violencia, exclusión, explotación, marginación y opresión; por lo que la triple opresión de la mujer indígena o de cualquier mujer no es válida ni en el campo ni en las ciudades y no deber ser eterna.

Contexto internacional
A nivel internacional, la situación de las mujeres indígenas es la misma, es el sector más oprimido y explotado; la discriminación de las poblaciones indígenas ha incluido el desalojo por la fuerza de sus tierras para pasar a ser propiedad del capital, la exclusión de las esferas medulares en el plano político, económico y social; y el genocidio (ONU,1995). La misma conferencia menciona que a las mujeres indígenas se les ha mantenido con frecuencia en una situación de dependencia, se les ha marginalizado, o se han visto sometidas a otras formas de opresión.

45 millones de indígenas viven en América Latina y el Caribe, en esta región está presente el 8,3 por ciento de la población indígena en el mundo (CEPAL, 2014). En algunas regiones como esta, la condición social de las mujeres indígenas se vio limitada y transgredida gravemente en el momento de la colonización, principalmente con la imposición de nuevos sistemas políticos, económicos, sociales y culturales neoliberales (ONU, 1995) que precarizan y despojan cada vez más a los pueblos indígenas, los empobrece y los mira como el atraso, mientras que al sumarle la condición de género, hace más marginal a la mujer indígena.

Contexto nacional
De acuerdo con cifras del INEGI de 2016, en México hay 7 382 785 personas de 3 años y más de edad que hablan alguna lengua indígena, cifra que representa 6.5% del total nacional; de las cuales 51.3% son mujeres y 48.7% hombres, estas cifras indican que la mayoría de la población indígena son mujeres. Desde el contexto internacional se lee que la triple opresión es brutal para todas las mujeres indígenas, que se explica por la globalización patriarcal que ha despojado a la clase trabajadora entre la que se ubica la mujer indígena las cuales han sido víctimas directas, condenadas a un ciclo de pobreza, menos oportunidades, peor salud y la ausencia de oportunidades para tomar decisiones.

En méxico, las mujeres hablantes de lengua indígena son las que presentan un mayor rezago educativo, ya que casi una de cada cuatro se encuentra sin escolaridad alguna y una de cada cinco cuenta con secundaria completa. (CONAPO, 2015). Por otro lado la mujer indígena se enfrenta al descenso del ingreso familiar en actividades agropecuarias. Las mujeres indígenas son trabajadoras, campesinas, son recolectoras de agua, leña, forraje, además poseen conocimientos sobre plantas medicinales y técnicas de conservación de suelo (Lahoz, 2011).

En este sentido, aumenta su carga de trabajo no remunerado, y empeoran los niveles de nutrición y de salud de su familia. Como empleada asalariada en el campo (en el caso de que tenga esta oportunidad, porque en la mayoría de los casos no existe) se enfrentan a patrones que las emplean porque son más explotables que el hombre: por su falta de protección legal y sindical, por su posición discriminada en el mercado de trabajo y por la “docilidad” que le impone las normas sociales de conducta, y finalmente, como mujeres se enfrentan a la responsabilidad ampliada de alimentar, cuidar y proteger a sus hijos y familiares y muchas veces sin el apoyo del esposo migrante, expuestas a violencia sexual” (Arizpe,1986).

Por otro lado, la mitad de las mujeres indígenas no utilizaron método anticonceptivo en su primera relación sexual por desconocimiento, según la ENADID 2014, 32.2% de las mujeres hablantes de lengua indígena que trabajan en 2015 lo hacen por su cuenta (Citado en INEGI, 2016). A pesar de ello, cuando este grupo de mujeres tuvo la opción de usar un método anticonceptivo, seis de cada diez optó por el irreversible conocido como salpingoclasia que es la ligadura de trompas, con lo que decidieron cancelar de forma permanente un nuevo embarazo (La Jornada, 2017). En el ámbito rural, hoy todavía las leyes en favor de los derechos y de la no violencia hacia mujeres no existen en la cotidianidad, las personas viven como acostumbran vivir y se adaptan a las condiciones laborales y alimentarias porque no hay alternativas para ellas.

En las zonas rurales, difícilmente existe otra fuente de ingresos, estas labores implican fuerza física, tienen un papel fundamental dentro de las familias, dentro de la generación de producción agrícola, sin embargo ésta no se valora, “la dificultad que representa para muchas mujeres de clases populares el tener que desarrollar una doble jornada” (Machuca, 1996). para poder mantener a la familia, gracias a ello, las mujeres sí se insertan en todos los campos que sean posibles, mientras que a diferencia del campesino, pocas veces se inserta en los ámbitos que tradicionalmente corresponden a las mujeres.

A pesar de las actividades que realizan, y por encima de trabajar la tierra, tampoco la poseen, “la reforma agraria prioriza la posesión de tierras para los hombres, mientras que hoy día revela que el 73.7 por ciento de las mujeres rurales tienen menos de 5 hectáreas” (Las mujeres y el campo, 2015). Por lo cual, las mujeres indígenas al desempeñar diferentes roles y demostrar que son capaces de trabajar las tierras, todavía no tienen el reconocimiento que se merecen, muchas continúan en la pobreza extrema, por la falta de oportunidades educativas y laborales. El trabajo consiste en continuar con las actividades que les proporcionan bienes de consumo limitado y “a menudo la mujer se descubre sola frente a la sociedad y la familia” (Machuca, 1996).

De acuerdo con un artículo publicado en Animal Político (2016), en materia de educación, la Encuesta Intercensal 2015, 6 de cada 100 mujeres, de 15 años y más, no saben leer ni escribir. De las mujeres que se encuentran en condición de rezago educativo, 59.69 % no han terminado la educación básica lo que impide que las mujeres conozcan, ejerzan y exijan sus derechos. Mucho menos se garantiza a las mujeres indígenas una educación que reconozca y atienda la diversidad cultural. De igual manera sostiene (Ávila, 2017) que en estados como Guerrero, Oaxaca y Chiapas “las cifras de muerte materna dan cuenta de la carga desproporcionada que enfrentan las mujeres indígenas en relación con la población no hablante de un idioma indígena. La discriminación que enfrentan las mujeres indígenas en los servicios públicos de salud, así como las condiciones de marginación en las que frecuentemente se encuentran, imposibilitan su acceso al derecho a la salud y derivan en muertes prevenibles.

En este sentido, las cifras de mujeres en puestos de representación sigue siendo muy baja, a pesar de que el “derecho a la participación política es reconocido como un derecho fundamental y, por tanto, como un indicador de la calidad y el desarrollo de cualquier sistema democrático” y de que México ha contraído compromisos para impulsar la participación de las mujeres en la vida política y garantizar la paridad (Ávila, 2017).

Con todo lo anterior, es un hecho que las mujeres indígenas se sitúan en el último escalón de la opresión, por ser pobres, indígenas y mujeres, éstas representan el colectivo que históricamente ha resistido las manifestaciones más crudas de la dominación y la explotación (Moreno, 98).

Las mujeres indígenas son las últimas en ser beneficiarias porque hoy, los beneficiarios están en las grandes ciudades donde es más fácil afiliar porque sólo es cumplir metas del programa y no a los que realmente lo necesiten como las zonas indígenas por lo lejanas (Paredes, 2014).

En otros escenarios, en México el 01 de enero de 1994 el Movimiento de Mujeres Zapatistas publica en el órgano informativo del EZLN “El despertar mexicano” la Ley Revolucionaria de mujeres, la cual consta de diez puntos que giran en torno a la participación de la mujer en la lucha, el derecho al trabajo y al salario justo, el derecho a la participación en asuntos comunitarios y a ocupar cargos en la organización militar, derecho a la educación, salud y alimentación para ellas y para sus hijos, a la no violencia y elegir a su pareja.

Las luchas en favor de las mujeres indígenas han venido de ellas mismas, de las que han tenido el privilegio de acceder a una universidad y que desde esta trinchera han impulsado la lucha, pero también de la organización que los movimientos indígenas. Sin embargo, hasta el momento existen pocos avances para transformar la realidad de la mujer indígena que habita los pueblos y ciudades.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó en 1989 el Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. La única mención que hace de las mujeres indígenas es referente a que los Estados deberán adoptar medidas para que los trabajadores pertenecientes a estos pueblos gocen de igualdad de oportunidades y de trato para hombres y mujeres en el empleo y de protección contra el hostigamiento sexual (Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género, 2008).
Por otro lado, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), a través de su Comité para la Eliminación de la Violencia (COCEDAW) instó en agosto de 2006 a México a que asegure que todos los programas y políticas de erradicación de la pobreza traten de manera explícita la naturaleza estructural y las diversas dimensiones de la pobreza y la discriminación a que se enfrentan las mujeres indígenas y las mujeres de zonas rurales. Además, recomendó que nuestro gobierno utilice medidas especiales de carácter temporal para tratar de eliminar las disparidades a que se enfrentan las mujeres indígenas y las mujeres de zonas rurales en relación con el acceso a los servicios sociales básicos, en particular la enseñanza y la salud, y la participación en los procesos de adopción de decisiones (Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género, 2008).

En México, el artículo cuarto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce la igualdad entre hombres y mujeres, sin embargo esto no ocurre en la realidad porque debe considerarse también la diferencia entre desiguales y aplicar políticas que enfrenten esa situación respetando la diferencia y la diversidad. A pesar de los avances en materia legal, la realidad de las mujeres indígenas sigue siendo la misma, las leyes no se aplican a su contexto, y continúa quedándose en el escalón más bajo de los oprimidos y explotados.

Las Rosas Rojas nos declaramos en contra de la triple opresión de las mujeres indígenas. La situación de las mujeres indígenas en el campo es de opresión, violencia y explotación; sin embargo en las ciudades se torna peor por el hecho de ser mujeres, pobres e indígenas. Todos los derechos que exigimos en general para las mujeres deben complementarse en particular con la situación de las indígenas.
Entre estos derechos destaca el relativo a la propiedad en el campo y a la herencia de esa propiedad. Este derecho debe ser igual al de los hombres y no debe excluirse del mismo a las mujeres. En la representación política, igualmente debe reconocerse el derecho a la paridad entre hombres y mujeres, más aún, en la perspectiva de lucha por la autonomía indígena.

Como parte de la actual lucha de los pueblos indígenas se reclama el respeto a los usos y costumbres indígenas. Esto es correcto como parte de la resistencia de los pueblos exigiendo el respeto a su cultura, su lengua, e incluso, a la autonomía de gobierno. Pero los usos y costumbres también deben respetar los derechos humanos y los derechos de las mujeres. El respeto a las mujeres debe convertirse en otro uso y costumbre indígena, como han dicho las mujeres indígenas en lucha; lo cual implica que las mujeres no deben ser excluidas de las decisiones públicas, no deben ser expuestas a situaciones violentas, no se les debe imponer parejas, ni deben ser vendidas o intercambiadas como mercancías; implica el derecho a la herencia, a poseer la tierra, a decidir sobre su cuerpo y el número de hijos e hijas, a trabajar, estudiar y recibir servicios de salud. Finalmente, las Rosas Rojas sostienen que la lucha no es contra el hombre, es contra el machismo producido y reproducido por el sistema capitalista patriarcal.

¡En contra de la triple opresión de las mujeres indígenas!

¡Por derechos para todas las mujeres y niñas indígenas en el campo y en la ciudad!
¡Por una lucha y alianza de las mujeres indígenas!
¡Respeto a los usos y costumbres de la mujer indígena!
¡Por el derecho de las mujeres indígenas a poseer la tierra!
¡Por una lucha de las mujeres indígenas con el compañero en contra del machismo producido y reproducido por el sistema!
¡Usos y costumbres que respeten los derechos de las mujeres indígenas!

Referencias:
Arizpe, L. (1986). Las mujeres campesinas y la crisis agraria en América Latina. México: Nueva Antropología. Consultado el 28 de junio de 2017 en: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/nuant/cont/30/cnt/cnt4.pdfI
Ávila, A. (2017) Violencia contra las mujeres indígenas. México: Animal político, consultado el 28 de julio de 2017 en: http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2016/11/28/violencia-las-mujeres-indigenas/
Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (2008) Los derechos humanos de las mujeres indígenas mexicanas: breve revisión del marco normativo. Consultado el 28 de junio de 2017 en: http://archivos.diputados.gob.mx/Centros_Estudio/ceameg/Inv_Finales_08/DP1/1_25.pdf
CEPAL (2014). Los pueblos indígenas en América Latina: avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos, consultado el 28 de julio de 2017 en: http://www.cepal.org/publicaciones/default.asp?idioma=I
CONAPO (2015) Infografía población indígena. México: Consultado el 06 de junio de 2017 en: http://www.gob.mx/conapo/documentos/infografia-de-la-poblacion-indigena-2015
INEGI (2016) Estadística a propósito del día internacional de los pueblos indígenas, datos nacionales. Consultado el 27 de julio de 2017 en: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2016/indigenas2016_0.pdf
Lahoz, D. (2011). Mujeres campesinas y su papel en el sistema alimentario en México. México: Oxfam México.
Machuca, J. A. (1996). La mujer en México, una perspectiva antropológica. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Moreno, R. (2017) De políticas etnocidas a trayectorias de investigadores indígenas mexicanos. México: Universidad de Guadalajara
Organización de las Naciones Unidas (1995) La mujer indígena se hace cargo de su destino. Beijing, China: Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer. Consultado el 28 de julio de 2017 en: http://www.un.org/spanish/conferences/mujer.htm
Paredes, J. (2014) El tejido de la rebeldía ¿Qué es el feminismo comunitario? Bolivia: Comunidad Mujeres Creando Comunidad.
Posada, Miriam (2017) Inegi: 70% de indígenas en la pobreza. México: La Jornada en línea, consultada el 28 de julio de 2017 en: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/08/08/inegi-70-de-indigenas-en-la-pobreza

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CARTA AL CNI Y AL EZLN

Ciudad de México,  24 de mayo de 2017

Al Congreso Nacional Indígena

Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Compañeras y compañeros del CNI, reciban un fraterno y combativo saludo de nuestra agrupación. En el marco de nuestro más reciente ciclo de formación política tuvimos el agrado de converger con el maestro Filo, delegado ante el CNI de la comunidad de Huitziltepec de la Mixteca Poblana, quien nos expuso la propuesta del CNI-EZLN formulada en octubre del 2016, en el documento que lleva por título “Que retiemble en sus centros la tierra”.

En el marco de este encuentro llevado a cabo dentro de Ciudad Universitaria de la UNAM, entre  la Juventud Revolucionaria-GAR con el maestro Filo del CNI, hemos escuchado y analizando lo relacionado a la propuesta, intentando comprender sus orígenes y rumbo en el marco de la lucha política nacional e internacional.

A raíz de esta reunión, como toda organización seria con un trabajo político de base detrás, hacemos de su conocimiento tres importantes acciones:

  1. Fuimos invitados por el Maestro Filo, representante del CNI, a la Asamblea Constitutiva del Concejo Indígena de Gobierno para México este 26, 27 y 28 de Mayo en las instalaciones del CIDECI- UNITIERRA, por lo que hemos decidido enviar dos delegadas para presenciar y escuchar la reunión, y ampliar nuestro conocimiento sobe la propuesta.
  2. Hemos tomado la tarea de debatir a profundidad, entre militantes y simpatizantes, todo el contenido de la propuesta y nos encontramos planteando una opinión que nos represente colectivamente; por lo cual nos reuniremos en el mes de julio en la Montaña Alta de Guerrero en el marco de nuestra XXI Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México, para determinar con miembros de las comunidades indígenas con las que trabajamos en la región y nuestras compañeras y nuestros compañeros de otros estados del país como Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Puebla, Estado de México, Zacatecas, San Luis Potosí y Ciudad de México, nuestro rumbo en esta importante propuesta que dan a conocer.
  3. Haremos de su conocimiento, públicamente y por nuestros medios electrónicos, el resultado de esta consulta y deliberación colectiva con nuestra organización a finales del mes de julio del presente año.

El Grupo de Acción Revolucionaria somos una organización de mujeres y hombres jóvenes, estudiantes y trabajadores, quienes luchamos contra el capitalismo y por la revolución socialista; tenemos el objetivo de  construir una alternativa revolucionaria y socialista, luchando por organizar al proletariado y a la juventud, en unidad con el conjunto de oprimidos de nuestro país y con los pueblos explotados del mundo entero.

Saludamos sus esfuerzos por la construcción de una alternativa desde abajo y a la izquierda y mantendremos comunicación con los representantes del CNI para que nos acompañen en esta tarea deliberativa.

Combativamente

Por el Grupo de Acción Revolucionaria

Mitzy Corona y Magali Terraza