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LA INEXISTENTE SEGURIDAD EN LA UNAM

Ingrid A. Vázquez Zavala Consejera de la carrera de Biblitecología

Claudio A. Todd Chagoya Consejero de la Facultad de Economía

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tuvo un semestre (enero-julio 2017) marcado por la inseguridad, el feminicidio, la aparición de cuerpos y por una falta de explicación de la autoridades universitarias ante hechos tan lamentables. 

Los hechos que detonaron mediáticamente la inseguridad de la UNAM y de CU empezaron con el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio Martínez, de 22 años de edad, que fue brutalmente asesinada mediante asfixia con el cable de una caseta telefónica en las instalaciones del Instituto de Ingeniería de la UNAM. Posteriormente, se encontraron los cuerpos de dos hombres: el primero correspondiente a Arturo Darío López, de 20 años, mismo que se encontró en alto grado de descomposición en las instalaciones de La Cantera de Club Pumas; y el segundo, corresponde al nombre de Víctor Manuel Orihuela, estudiante de la facultad de Odontología que supuestamente fue lanzado desde un edificio de la facultad de filosofía y letras el pasado lunes 12 de junio.

Sin embargo, la inseguridad dentro de CU tiene todavía más antecedentes: el caso del trabajador asesinado en la Facultad de Química en junio del 2016 y el asesinato a mano armada del estudiante Carlos Sinuhé Cuevas Mejía de la facultad de filosofía y letras en 2011, por sólo mencionar un par de casos. Otro hecho evidente de inseguridad es el narcomenudeo que pulula en las zonas de CU denominadas las islas y los frontones; así como en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. 

Los hechos son evidentes: la UNAM en general y CU en particular no son ajenas a la crisis de seguridad que vive el país producto de la crisis económica y social del sistema capitalista. Pero las autoridades universitarias pecan de insensibilidad ante los hechos. Todo lo contrario, ante eventos tan lamentables como los casos de Lesvy, el trabajador de química y el  estudiante de odontología, las autoridades universitarias prefieren mantener la tranquilidad por medio de la falta de información y declaraciones oficiales, quizás con el fin de no manchar con la realidad a la máxima casa de estudios.   

Todos estos hechos son un campo de cultivo para que se den diferentes posiciones ante los hechos de inseguridad. El temor de muchos estudiantes al ser agredidos, asaltados e incluso hasta asesinados han generado cuestionamientos a las autoridades, pero estos no son homogéneos y responden a diferentes intereses. 

Por un lado, tenemos una fracción de la comunidad universitaria que acepta el paradigma dominante de seguridad; incluso exige su aumento y cumplimiento cabal. El paradigma dominante de seguridad se basa en la vigilancia constante por parte de autoridades, grupos policiacos, cámaras de vídeo y medidas represivas; así como la idea supuesta de que al tener mayor policía mejor sería la seguridad. Inclusive, los sectores más reaccionarios se levantan a favor de la entrada de la policía a las instalaciones universitarias, como si eso fuese a solucionar el problema.  

Esta posición a pesar de ser exigente en el tema de seguridad a las autoridades universitarias, en realidad es la que más la favorece. En primer lugar, porque se acepta que la responsabilidad de la seguridad viene desde arriba, es decir, desde la rectoría. Inclusive este órgano de gobierno cada día aumenta el número de cámaras de videovigilancia y medidas como restringir los accesos a los espacios universitarios. 

Por ejemplo,  el boletín emitido por la UNAM (http://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2017_327.html) que da a conocer sus 10 medidas frente a la inseguridad, las cuales no son nada innovadoras, más bien reafirman que la idea de seguridad en la UNAM es la del paradigma dominante. Las autoridades universitarias, como buena estructura burocrática, se encuentra cerrada ante cualquier oposición que afirme  el fallo y la insuficiencia de sus medidas policiacas y de vigilancia constante están fallando; mientras, el desmantelamiento del tejido social debido a la crisis capitalista aumenta y se refleja en CU. La máxima casa de estudios no tiene una propuesta para rearmar el tejido social, ni dentro de la UNAM y mucho menos para el país; y los lazos de convivencia entre estudiantes, maestros y trabajadores.  Otra serie de sectores de compañeras y compañeros, como el Grupo de Acción Revolucionaria (GAR), mantenemos una posición crítica ante el ya mencionado paradigma de la seguridad.

Denunciamos contundentemente que la implementación de medidas policiacas y de vigilancia son insuficientes, así lo prueban los hechos que mencionamos al principio de este artículo. Estas medidas son a conveniencia del poderío que ejercen las autoridades y la alta burocracia universitaria; las cuales reafirman su poder y sus intereses minoritarios.  La falta de una propuesta que fortalezca los lazos de convivencia entre estudiantes, maestros y trabajadores no es simplemente por falta de visión de las autoridades universitarias, sino porque atenta sus intereses como grupo de poder.  Poe ello, una propuesta de seguridad fuera del paradigma dominante, en realidad sólo podrá ser generada en espacios de discusión y organización de los tres sectores que conforman la comunidad universitaria. Para ello, se debe discutir una propuesta donde la seguridad se tome como un tema de convencía social y de organización de la base estudiantil, magisterial y de trabajadores. 

También cabe señalar que la Universidad debe regresar a su cometido histórico como generadora de propuestas en beneficio del pueblo trabajador; para así diseñar medidas que acaben con la severa crisis económica y social que atraviesa el país en particular. Sólo esto hará que el ambiente de inseguridad se diluya. 

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CONSEJEROS DE LA UNAM CUESTIONAN AL RECTOR SOBRE MARCHA VIBRA MÉXICO

Los consejeros técnicos firmantes, apoyados por estudiantes miembros de la comunidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), consideramos preocupante el llamado que hizo el rector Enrique Graue Wiechers a la adhesión a la marcha Vibra México.

Consideramos que el principal representante de la UNAM no consideró a la comunidad y sus diversas opiniones antes de sumar a la institución a llamados de personas que consideramos de muy cuestionada reputación por sus constantes ataques a cualquier causa del movimiento social e incitación a ejercer la violencia de Estado.

Nos parece que Vibra México no es sólo una marcha en rechazo a Donald Trump, sino en apoyo a la unidad nacional del presidente Peña Nieto.

Es de contrastar que hace tan sólo unos meses el rector renunció a opinar sobre los temas cruciales que aquejan en México, como el gasolinazo y, contradictoriamente, se sumó al llamado de empresarios y televisoras que no han hecho más que beneficiarse de las llamadas reformas estructurales.

Opinamos que el rector debe de reconsiderar actitudes que atentan contra el espíritu plural, democrático y de justicia social de la UNAM y llamamos a la comunidad universitaria, estudiantes, académicos, trabajadores y sus representantes en los diferentes órganos colegiados, así como a sus organizaciones, a abrir el debate universitario en torno a este hecho y manifestar las propuestas necesarias para que la UNAM verdaderamente pueda convertirse en factor de apoyo a la comunidad mexicana en Estados Unidos frente a las acciones de Trump y ante la necesaria construcción de un proyecto de nación libre, soberana e independiente.

Firman:
Claudio A. Todd e Ingrid A. Vázquez Zavala, consejeros técnicos representantes de alumnos de la Facultad de Economía y de Bibliotecología de la UNAM. Firmas de estudiantes de Ingeniería, Sicología, Odontología, Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Sociales, Arquitectura, Ciencias, Derecho y Veterinaria; ENES Morelia; FES Iztacala, Cuautitlán y Zaragoza; Escuela Nacional de Trabajo Social; estudiantes de la UAM e IPN.