Archivo de la etiqueta: Feminicidio

NO ES UN CRIMEN PASIONAL, ES UN FEMINICIDIO

#JusticiaParaSelene | El día de ayer Selene Hernández Mújica de 28 años, fue asesinada en su trabajo por el feminicida Óscar Munguía de 35 años, quien fue su pareja.

Este caso ha sido viral porque sucedió en la tienda de Zapatos Nine West al interior de Reforma 222, un centro comercial importante de Reforma. Más allá de dar datos precisos de lo que sucedió y que se puede encontrar en otros medios, nosotras denunciamos la minimización del feminicidio que a través de la prensa escrita y los medios electrónicos, ocurre. ¡No fue un crimen pasional, fue un FEMINICIDIO por parte del macho agresor Óscar Munguía que no soportó que Selene ya no fuera de su propiedad y que además ella estuviera buscando la custodia de su hijo!

Óscar Munguía asesinó a Selene porque sabía que lo podía hacer y es conocedor de que hay todo un sistema patriarcal apoyado en los medios de comunicación, en el sistema de “justicia” y sociedad profundamente conservadora y machista, que minimiza, comprende al agresor y culpa a las mujeres de su propio asesinato. NADA JUSTIFICA LA VIOLENCIA Y EL ASESINATO DE NINGUNA MUJER.

Este caso es uno más, otro más, de los que se vive a diario en México donde siete mujeres son asesinadas a diario; en donde pese a existir la tipificación de Feminicidio en algunos estados, nos enfrentamos a un sistema patriarcal que protege a los agresores y nos hace responsables de que nos maten.

Selene fue asesinada en su lugar de trabajo; esto  nos recuerda a todas que hemos dejado de estar seguras en nuestro trabajo, en nuestra escuela, en la calle; ni siquiera podemos estarlo en nuestra propia casa.

Y que por si fuera poco, “la justicia” criminaliza las medidas de autodefensa de nosotras las mujeres para nuestra protección; es decir que ni siquiera las medidas surgidas ante la inacción e ineficacia de las “instituciones de justicia”, podemos utilizar. Y es que como recientemente declararon agentes de Seguridad de Puebla, el uso de gas pimienta será motivo de detención. Entonces para las autoridades la tarea no es qué hacer para que las mujeres no seamos agredidas, sino detener a quienes nos defendamos.

Y lo anterior luego de que el pasado 13 de marzo un sujeto intentó abusar sexualmente de una estudiante de la IBERO cuando salía de un gimnasio en la zona de Las Ánimas, de quien logró escapar aunque con lesiones en el cuerpo y cabeza al haber sido herida con un ladrillo. A partir de esta agresión, compañeras de Puebla convocaron a través de las redes sociales a portar botes de gas pimienta para la defensa personal.

Desde la Agrupación de Mujeres Rosas Rojas, exigimos justicia para Selene y castigo para el feminicida Óscar Munguía; basta ya de simulaciones, de reproducir la violencia, de responsabilizarnos de los crímenes contar nosotras. El patriarcado normaliza y responsabiliza a las mujeres de que nos maten.

¡Justicia para Selene!

¡Castigo al feminicida!

¡No es un crimen pasional es un Feminicidio!

!Alto a la impunidad, Ni una asesinada más!

¡Basta de la normalización de la violencia!

¡ Ni Una Menos! ¡Vivas Nos Queremos!

Anuncios

DEBATES Y ESTRATEGIAS DEL MOVIMIENTO DE MUJERES

Shahin Corona

Sin duda estos últimos años se caracterizan por un gran avance en el movimiento de mujeres a nivel internacional, desde las movilizaciones de Ni Una Menos en Argentina, que tuvieron eco en varios países de Latinoamérica, las movilizaciones en Polonia en contra de Leyes prohibitivas del aborto y derechos reproductivos de las mujeres, hasta la gran marcha de las mujeres en Estados Unidos, donde compañeras se movilizaron de forma multitudinaria para enfrentar al recién llegado Donald Trump con sus políticas misóginas y xenófobas bajo el brazo, en el segundo día de su mandato. Esta movilización fue el antecedente directo del gran paro internacional de mujeres en distintos países el pasado 8 de marzo.

También el movimiento de mujeres ha estado presente en las redes sociales, incluso ha sido punto de partida para organizar movilizaciones en diversos países; un ejemplo reciente es el movimiento #metoo que se desató en octubre pasado en Estados Unidos, después de las denuncias públicas de abusos sexual en contra del productor de cine Harvey Weinstein y distintos personajes de la industria cinematográfica, que culminó en los pasados Golden Globe en el que diversas actrices denunciaron el acoso que han padecido en su recorrido por Hollywood y en pro de los derechos de las mujeres.

Este último evento tuvo eco en varios países a varios niveles e incluso generó respuesta por parte de las actrices francesas que, entre otras cosas, tacharon como “puritano” al movimiento me too.

Como una acción espejo, en México al día siguiente del comunicado de las francesas, en un canal de televisión nacional se debatieron Martha Lamas y Catalina Ruiz Navarro. El resultado de este debate generó indignación en las redes sociales debido a que Lamas justificó, con ciertos bemoles, a la posición de las actrices francesas, sumándose a la condena al “puritanismo” occidental.

Sin embargo el debate entre Lamas y Ruiz Navarro está muy lejos de la realidad que viven miles de mexicanas viven en el Estado de México, Puebla, Ciudad Juárez; a pesar de ello este debate abre un escenario de acción para todas las mujeres que antes de esta coyuntura ya nos encontrábamos trabajando en las calles, en las escuelas y centros de trabajo en contra de la violencia hacia las mujeres.

Es importante que aprovechemos este momento para debatir con el conjunto de la sociedad que no quiere enterarse o tomar conciencia de la violencia que viven a diario las mujeres en nuestro país, así como apoyar a las mujeres que viven violencia para que alcen la voz, sin sentirnos responsables por la violencia que vivimos.

En Rosas Rojas consideramos que el verdadero debate no se encuentra en si se debe o no hacer una denuncia pública del acoso, maltrato o violencia que vivimos las mujeres, si no en las perspectivas y estrategias que se deben seguir, para cada día ir ganando más conquistas y terreno en la perspectiva de construir un gran movimiento de mujeres a nivel nacional e internacional que ponga sobre la lona al binomio patriarcado-capital.

Hoy este movimiento es disruptivo de una visión parcial del problema, con nociones como el de una relación profundamente violenta entre los sexos, revestida de y justificada por el “amor romántico” y normalizada a través de distintas instituciones como la familia, la iglesia, y todo el sistema patriarcal, donde los casos mencionados más arriba se adscriben a una visión moralista del problema de la violencia hacia la mujer, haciéndose así imprescindible ampliar el panorama de debate sobre la causa y solución a dicha violencia. De la misma manera, casos como el movimiento sufragista, donde la visión moralista emanada de las estructuras familiares, morales e institucionales negaba derechos a las mujeres, rompió una visión cultural hegemónica de que la mujer no tenía derecho al voto, ni a la representación política ni a ser elegida como representante política.

Desde nuestra perspectiva el movimiento de mujeres actual tiene la conquista histórica de dar a conocer de manera pública y masiva que las mujeres estamos hartas de la violencia, del acoso en las calles, en el trabajo, en la escuela y que no la vamos a tolerar más; que realizaremos acciones para garantizar que la situación actual cambie.

En diversos sectores, este movimiento ha creado controversia por utilizar a su favor las redes sociales y los medios al alcance para realizar denuncias públicas; sin embargo esto es reflejo de que los medios “convencionales” como las instituciones de justicia, son ineficaces para realizar éstas, ya que no garantizan que se actúe en lo inmediato frente a la violencia y así acceder a la justicia.

El gran debate y reto está en cuáles serán las estrategias, acciones y perspectivas que debe de tomar el movimiento de mujeres en conjunto para capitalizar todo el descontento y hartazgo que impera para avanzar en nuestras conquistas.

Desde Rosas Rojas sostenemos que es importante levantar un programa político común que busque, por un lado, evidenciar en todo momento la vinculación directa del Estado y el gobierno por omisión y comisión en la actual situación de violencia que vive México, con situaciones tan preocupantes por el incremento y constancia de desapariciones, feminicidios y trata de niñas y mujeres con fines de explotación sexual en todo el territorio nacional. Es fundamental buscar a los responsables políticos de que nuestro país sea una fosa común en donde se puede perpetrar el asesinato de 7 mujeres al día y no pasa nada; de que se encubra a los culpables, se responsabilicen a las víctimas y se crean “verdades históricas” que buscan disminuir el costo político de la cruda violencia que se está viviendo en México. Es indispensable evidenciar el papel del Estado frente a esta situación.

Este programa debe llamar a la organización y movilización independiente de las mujeres para exigir una vida libre de violencia y alto a los feminicidios. Este programa debe ser el mecanismo de aglutinamiento de un gran movimiento de mujeres, que de manera democrática impulse protocolos de prevención de violencia y de acción rápida frente a un caso de acoso, violación o desaparición de una compañera; frente a los feminicidios. Para presionar a las autoridades y que se busquen y encuentren a las mujeres desaparecidas, se haga justicia y se castigue a los responsables.

Cambiaremos el mensaje estructural que se da a los violadores, feminicidas, militares, policías, judiciales y jueces y miembros de la casta política, de que nada pasa y que sus acciones quedarán en la impunidad; lo anterior será más fácil lograrlo de manera organizada.

Un programa que también exija salarios acorde a la canasta básica, así como derechos laborales y acceso pleno a la salud; alumbrado público y servicios de transporte seguros para llegar a nuestra casa, escuela o trabajo. Todas estas demandas están encaminadas a transformar diversos factores que nos hacen más vulnerables para ser violentadas o asesinadas.

Es importante aclarar que los avances legales y la lucha en este terreno de nada sirven si no tienen acompañamiento de la movilización y organización de las mujeres. El principal reto que tiene el movimiento de mujeres es lograr avanzar más allá de la coyuntura.

El hartazgo que se potencia cada vez que ocurre un atroz feminicidio, violación o acto de violencia hacia nosotras, debe trascender a la organización de un movimiento amplio de mujeres que se vuelva una fuerza política que movilice y organice a las mujeres para arrancarle al Estado y al conjunto de la sociedad patriarcal la conquista de nuestros reclamos, por principio, mejores condiciones de vida.

Súmate a Rosas Rojas y luchemos por este movimiento y organización.

FEMINICIDIOS: EL VASO COLMADO QUE SE DERRAMÓ HACE MUCHO

Isadora Fragoso y Laura Rivera
Ser mujer y estar viva se ha vuelto casi una ironía. En México los feminicidios presentan un aumento atroz, todos los días hay violencia enfocada hacia las mujeres, a diario hay una noticia de alguna mujer que ha sido desaparecida o asesinada, con el Estado de México como el principal escenario de este crimen. La violencia, generalizada desde la “guerra contra el crimen organizado” de Felipe Calderón, se ha incrementado contra el sector poblacional de las mujeres y ha tenido un alcance preocupante en tasas de asesinatos en lugares como el Estado de México.

A nivel nacional hay una crisis de inseguridad, lo claro es que la violencia enfocada hacia las mujeres de todas las edades ha tenido un repunte alarmante, y se evidencia cuando todo lugar representa un peligro para transitar, desde lugares de marginación social y zonas de pobreza (con casos de acoso, violaciones, desapariciones y asesinatos diarios), hasta lugares “inimaginables” como la Universidad Nacional Autónoma de México con casos como el de Lesvy Berlín el pasado 3 de mayo, generando una atmósfera de pánico que pretende desmovilizar.

La violencia en índices elevados, condiciones precarias de seguridad, desapariciones, trata, o el feminicidio, todas son prácticas normalizadas por el Estado y se han recrudecido, luego de hacerlo en el periodo gubernamental de Calderón, con el gobierno feminicida de Enrique Peña Nieto.

VIDAS, NO CIFRAS
Vivir en México, en medio de una lógica patriarcal además capitalista, se ha vuelto una lucha diaria por vivir, donde diariamente son asesinadas 7 mujeres y la mayoría de estos casos queda impune, las vidas de las mujeres son reducidas a un número que ya ni siquiera sirven para dimensionar el grado de violencia −pues no hay cifras exactas del número de feminicidios−, sino para normalizarlo al cambiar un nombre por un número de expediente, que será archivado y olvidado, como es la lógica sistémica actual.

Victoria Pamela Salas, asesinada el pasado 2 de septiembre, encontrada en un cuarto de hotel en Tlalpan, tenía 23 años recién cumplidos, trabajaba para aportar económicamente a sus padres, tenía una vida por delante, una alegría por vivir y se la quiere convertir como a tantas otras mujeres en una simple cifra. Muchísimas mujeres ni siquiera son encontradas luego de ser desaparecidas, o reconocidas luego de ser asesinadas, por lo que una cuestión trascendental para hacer frente a la violencia machista es evidenciar el problema y sus raíces, conocer a la víctima por quien era y no por lo que hicieron de ella, decir sus nombres y mostrar sus rostros (en vida, no volviendo a violentarlas exponiendo el modo atroz en que atacaron sus cuerpos), nombrarlas.

Si bien Victoria representó el feminicidio número 66 en la ciudad de México del año en curso, se trata de una mujer más a quien la violencia machista arrebató la vida, violencia generada, perpetrada y sostenida por una estructura capitalista y patriarcal que oprime de forma sistémica a las mujeres en diferentes expresiones y niveles.

FEMINICIDIO EN EL MARCO LEGAL: LA FALACIA DE LA JUSTICIA
En el Código Penal Federal1 encontramos que el homicidio doloso de una mujer será considerado feminicidio cuando se prive de la vida por razones de género, siendo otra característica el que el cuerpo de la víctima se encuentre mutilado por el sujeto feminicida, y que existiera entre éste y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza, como acaeció en el caso de Victoria, pues no bastando el asesinato, su cuerpo fue lacerado de la manera más brutal por quien fuera su pareja. Así, la violencia de género caracterizado por un conjunto de conductas misóginas perpetradas contra el cuerpo de las mujeres tiene un claro reflejo en los últimos feminicidios perpetrados en lugares como el Estado y la Ciudad de México. En el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), aun cuando cuentan con la tipificación de feminicidio, en sus datos aparecen cifras sólo de “mortalidad por homicidio de mujeres” no por feminicidio, por lo que sus cifras son inexactas en este sentido, sólo a un mínimo porcentaje de los asesinatos de mujeres se les aplica la tipificación de feminicidio y las cifras deben deducirse a partir de las cifras de homicidios dolosos contra mujeres que tengan las características establecidas por el Código Penal. El feminicidio es delito federal desde 2011, existe protocolo de investigación ministerial, policial y pericial, y alerta de género, pero la legalidad se ve rebasada por la realidad. De acuerdo con cifras del INEGI, entre los años 2008 al 2015 hubo un registro de 176 mil 344 homicidios2 de los cuales 18 mil 664 corresponden a tipificaciones de “defunciones por homicidio en mujeres”3 en todo el país (con corte de cifras el 13 de julio de 2016) tan sólo en casos registrados, pensemos ahora en los que no fueron registrados o tipificados como tal. Gran número de feminicidios ni siquiera son investigados como lo que son, sino persisten en ser llamados homicidios, y con ello se invisibiliza este modo de opresión patriarcal hacia el derecho fundamental de la vida para las mujeres.

A pesar de estar ya la tipificación del feminicidio −con una sentencia entre los 30 y 60 años de prisión en la Ciudad de México, y de los 40 a 70 años en el Estado de México, ambas con agravantes por relación de parentesco entre la víctima y el agresor− es claro que el sistema de justicia actual no representa un acceso a ésta, ya que se vuelve contra la mujer violentada en cada nuevo caso: Re-victimización o criminalización de la mujer, burlas y difamaciones mediáticas, minimización del hecho, hasta la manipulación, fabricación u omisión deliberada de pruebas y evidencias. La nula justicia ante la violencia contra la mujer se ha vuelto norma; se dieron inconsistencias en la investigación, triste regla en estos crímenes, pues a los padres de Victoria desde el inicio se les negó el acceso a la carpeta.

Mario Saenz fue detenido por haber sido señalado por empleados del hotel como el acompañante de Victoria, pero a pesar de ser el principal sospechoso fue puesto en libertad tras unas horas y ahora se encuentra prófugo. Con una orden de aprehensión −emitida desde el 17 de octubre− por feminicidio, y una ficha roja de la Interpol, tras de sí, Saenz se suma a la lista de feminicidas que quedan en la impunidad, con una víctima que no recibe justicia real nunca. En conjunto hay muchos tópicos que violentan a quien es víctima de las acciones machistas, casos que ni siquiera son denunciados o conocidos, con un sistema jurídico que no responde a las necesidades reales de quien es agredida, familias que tienen que investigar por su cuenta, convocar a marchas y buscar la justicia que se les niega.

Todo arroja como resultado que no podemos confiar en el Estado y sus instituciones para resolver la crisis de violencia machista y feminicida, pues son cómplices de ésta.

CRIMINALIZAR A LA VÍCTIMA
¿La asesinaron? “Algo habrá hecho, quién sabe qué compañías tenía, por qué andaba en ese lugar, era una drogadicta o alcohólica”, todas son expresiones que a menudo escuchamos acompañando las noticias sobre mujeres asesinadas en México y en todo el mundo. A Victoria, como a miles de mujeres víctimas de feminicidio se les culpa de su propia muerte, medios amarillistas difunden información falaz de estas mujeres como en el de ella, incluso se ha dicho que fue un suicidio, que era “drogadicta y agresiva”, o que Victoria se habría ido con algún otro sujeto a un hotel −versión que sostiene la madre de Mario Saenz–, además existen dos versiones, una dice que las cámaras del hotel donde se halló el cuerpo de Victoria no funcionaron ese día y otra dice que se habría visto cómo Mario salía por la mañana, lo cierto es que de esto último empleados del hotel Novo atestiguan que el hombre salió cerca de las cinco de la mañana y señaló que la mujer que le acompañaba se quedaría otro rato, dándose más tarde el descubrimiento del cuerpo sin vida de Victoria y la detención de Saenz. Aunado a los señalamientos que culpan a la víctima, el feminicida es presentado a través de sus “virtudes”, como Mario, a quien se le reconoció públicamente en las notas como un skater famoso a nivel internacional y a quien se le manchaba su reputación. Mientras de Victoria se dijo que se había suicidado a pesar de ser más que obvia la violencia con la que había sido lacerado su cuerpo, de manera dolosa por quien le asesinara, con una clara agresión misógina.

EL SISTEMA CAPITALISTA PATRIARCAL, RAÍZ DEL MACHISMO
La cuestión es ¿por qué sucede esto? Hay que plantearnos no sólo el caso individual, sin dejar de ser importante debe contextualizarse. En México como en otros países hay violencia machista, y la podemos ubicar en expresiones como el feminicidio. Diario vemos mujeres desaparecidas (o intentos de levantarlas), violadas, golpeadas, intentos de asesinato o feminicidios, pero hay que darnos cuenta, ¿qué pasa con cada caso? Nada. Y es justo ese nada el que permite que se perpetúen. Ahora, ¿qué o quién no hace nada? Un Estado capitalista y patriarcal que genera las condiciones de impunidad para que esto pase y no se haga justicia: Con una estructura que enseña que las mujeres somos un objeto adquirido para satisfacer necesidades −y si no es así, como cualquier objeto éste se destruye−; la violencia normalizada en medios de comunicación; instituciones estatales cómplices que permiten la injusticia; marcajes de clase en la obtención de justicia (como Mario Saenz que por tener recursos económicos pudo huir, y los padres de Victoria por ser de clase trabajadora son ignorados).

Toda esta violencia la podemos visibilizar en los feminicidios. Pero no hay que ver sólo la gota como el caso de Victoria, sino todas las violencias diarias que han llegado a un punto donde ya no se pueden contener, y hay que ver qué es lo que provoca que las gotas de sangre no dejen de caer. Hay toda una estructura patriarcal sostenida por un sistema capitalista que la crea, sostiene y perpetúa, y es por ello por lo que casos como el de Victoria continúan en la impunidad. Que casos como el de Victoria no se queden en el impulso coyuntural y sus movilizaciones. Se hace necesario hacer frente a esta violencia brutal que vivimos diariamente a través de un movimiento organizado de mujeres con perspectiva de clase, pues la violencia contra las mujeres no se detendrá hasta que destruyamos el sistema político, económico y social que la sostiene.

¡Por la construcción de un movimiento nacional de mujeres!
¡Si tocan a una nos organizamos miles!
¡Las mujeres luchando y el mundo transformando!
¡Alto a los feminicidios!
¡Alto a la impunidad, ni una asesinada más!
¡Justicia!

NOTA: Los padres de Victoria han convocado a una marcha el 10 de noviembre en la ciudad de México para exigir justicia por el feminicidio de su hija, partiendo de las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia (PGJ-CDMX) a las 16:00 Hrs. Exigen la detención de Mario Saenz, sujeto señalado como el feminicida de Victoria.