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UNAM ¿La universidad de la nación?

Ernesto Juárez y Melissa Vilchis

De nueva cuenta las autoridades universitarias proclaman a voz en cuello que la UNAM es “la universidad de la nación”, los recién ingresados a la universidad lucen calcomanías con este slogan, y pertenecer a la máxima casa de estudios continúa siendo un orgullo cada vez más desprovisto de obligaciones.

En el primero de los artículos de la ley orgánica de la universidad encontramos lo siguiente sobre nuestra institución,

“tiene por fines impartir educación superior para formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la sociedad; organizar y realizar investigaciones, principalmente acerca de las condiciones y problemas nacionales, y extender con la mayor amplitud posible los beneficios de la cultura.”

La UNAM, al ser como se pregona, la universidad de la nación, es a ella a quien se debe, entendiendo como nación no sólo un sector minoritario de la población sino a todos aquellos que dentro de la gran diversidad conformamos la nación mexicana. Sin embargo desde hace años la UNAM ha emprendido una carrera alejándose del pueblo. A distintos niveles, a lo interno y externo, la universidad ha cambiado para volverse una institución hermética que cada vez permite menos el flujo del conocimiento y beneficios de ésta hacia el pueblo, de quien se nutre, de quien procede su solvencia económica. El ciclo que sería propio de una “universidad de la nación”, donde ésta, al ser beneficiaria se volviera a su vez benefactora, se percibe cada vez más desgastado y lo que se obtiene en la educación e investigación pagadas por el pueblo va a dar a otras manos, evidenciando que el extractivismo no está limitado a los recursos naturales. No ha sido casual por ejemplo que en camino a la rectoría Alcocer tratara convenios con empresas privadas para la generación de recursos humanos.

La universidad se ha erigido como una torre de marfil aislada, ajena, y esta postura de sus autoridades ha sido retomada por la comunidad. En hechos históricos, recientes, como lo acontecido con los normalistas de Ayotzinapa, y los maestros de la CNTE, las autoridades universitarias han optado por una supuesta neutralidad, sin embargo cuando es el sector empresarial privado el que llama, como en el caso de “Vibra México”, las autoridades rompen esta neutralidad y marchan con quienes perciben como sus aliados, a quienes al parecer reconocen como nación. Sin embargo, como Benedetti lo dijo hace años, las torres de marfil de los intelectuales resultan por fortuna no ser impermeables. Los hechos violentos ocurridos los últimos meses en la universidad evidencian que la UNAM y sus instalaciones no son un santuario ajeno a las problemáticas nacionales, es decir y con necesidad de redundar, la universidad no es ajena a las problemáticas y necesidades de la nación, y esto no es novedad,

“Todo el país vive una crisis de insolvencia, de falta de recursos para atender hasta a las necesidades más prioritarias; la UNAM es un microcosmos que refleja el macrocosmos de México en esta hora aciaga” (Pérez R, 1985).

Una serie de medidas ha dado un avance lento a la privación que no pudo concluirse en 1999; la tecnificación de los planes de estudio de distintas carreras que ha sido llevada a cabo con medidas paulatinas y enmascaradas o de manera más evidente, la generación de instalaciones suntuosas cuyo uso es de pago, el costo de los posgrados y de formas de titulación, cuyo acceso exige evidentemente cierto privilegio económico; las medidas de supuesta seguridad que van haciendo de las instalaciones universitarias cada vez menos accesibles y más hostiles para la organización de la comunidad. Ya se vivía después del 68, la necesidad de fragmentar, de imposibilitar o al menos entorpecer la organización: el cierre de cafeterías por ejemplo, que respondían a una necesidad básica de los universitarios, y que hasta hoy no ha sido resuelta, los universitarios, aún en su mayoría (pero no en su totalidad), provenientes de clases trabajadoras, no cuentan con el acceso a espacios adecuados para alimentarse, pero no sólo eso, con el cierre de los comedores hace décadas también se privaba a éstos de espacios organizativos naturales,

“Los comedores era donde se hacía la política estudiantil universitaria” (Olivares E, 2012).

La creación de ENES; (hoy FES), daba respuesta al problema de la sobrepoblación de Ciudad Universitaria pero también a una táctica política de fragmentación de la comunidad, previendo el riesgo de enfrentarse a un movimiento tan amplio como en 1968.

Es necesario hacer mención de estas medidas, pues cada una de ellas, y otras que no hemos abordado aquí, han creado el contexto en el que se han desarrollado miles de universitarios. Las condiciones mencionadas han sido caldo de cultivo para generaciones de universitarios acríticos, en quienes los lazos con la nación, la verdadera nación, están cada vez más desdibujados, y con ello, su responsabilidad para con el pueblo es cada vez menos evidente. Muchos de los universitarios, provenientes de clases medias y bajas, ven en la universidad únicamente el medio para alcanzar la llamada “movilidad social”, cada vez menos real: buscan a través de la formación universitaria asegurar su acceso al campo laboral, al cual probablemente una buena parte accederá, sin embargo en condiciones crecientemente precarias y dejando en el camino una deuda sin saldar con el pueblo, de la cual muchas veces ni siquiera se es consciente. Ahora, dentro de la universidad va en aumento el ingreso alumnos provenientes de estratos socioeconómicos más altos; 19.4% de los estudiantes que ingresan por bachilleratos de la UNAM y 22.4% por examen de licenciatura, provienen de instituciones secundarias privadas. El incremento de dicha población, conlleva por obvias razones el decremento del ingreso a la universidad de jóvenes provenientes de las clases medias y bajas. La falsa idea del derecho igualitario al acceso a la educación se evidencia. Aquí, no todas las clases poseen las condiciones para acceder a la educación universitaria, siendo que sus prioridades son cubrir necesidades inmediatas o como efecto de la privación cultural propia de su clase, no cuentan con las mismas herramientas para superar los filtros de acceso, es decir, se compite en terreno desigual. Y como resultado nos encontramos con una paradoja alarmante: el pueblo pobre, que es la mayoría de los que conforman la nación, paga el estudio de los hijos de una minoría. Parece que aquí empata la noción de nación de las autoridades universitarias que pactan con la clase alta del país, donde el modelo de universidad a desarrollar es uno elitista y clasista, que cierra las puertas de entrada a las clases que pagan su existencia e imposibilita que el conocimiento que dentro de ella se desarrolla retorne a quien se debería.

Bajo este contexto social generalizado de un creciente individualismo y poca participación colectiva, se vuelve cada vez más necesaria la creación de espacios dentro de la Universidad en donde los alumnos tengamos la oportunidad de compartir saberes y críticas hacia lo que en nuestro entorno acontece y así participar conscientemente, con el objetivo (olvidado por muchos) de ser útiles a la sociedad y lograr cambios positivos.

Si bien es cierto que las autoridades de la UNAM se esfuerzan por aumentar el cierre de espacios de vinculación entre la comunidad universitaria, y que una gran cantidad de alumnos se muestra apática o indiferente ante las acciones colectivas para la defensa de dichos espacios, o respecto a sucesos históricos, políticos y culturales, es verdad también que diferentes organizaciones estudiantiles permanecen resistiendo y legitimando su trabajo colectivo mediante la suma de nuevos miembros y el acercamiento con la sociedad. Como parte de dichas organizaciones, el Grupo de Acción Revolucionaria, con sus sectores Rosas Rojas y Juventud Revolucionaria, propone durante los periodos semestrales una serie de talleres de formación política que refuerzan el conocimiento teórico de los estudiantes y que permiten la sensibilización las diversas realidades que nos rodean, así como el análisis de los múltiples acontecimientos que a diario perturban la vida económica, social, política, educativa y cultural del país, buscando fomentar la generación constante de una consciencia crítica y e clase. Desde nuestra formación como grupo siempre hemos reivindicado la defensa de una educación pública, democrática y de masas a todos los niveles educativos y justo es partiendo de esa responsabilidad que como estudiantes tenemos con el pueblo que paga impuestos y con ello, tal vez sin tenerlo muy consciente, paga nuestra educación en la universidad, es que desde hace más de diez años se ha ido consolidando una de las actividades más significativas del GAR: la Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México, la cual es impulsada por el trabajo voluntario de estudiantes y egresados de diversas instituciones académicas y de distintas áreas de conocimiento. Su objetivo es llegar a las comunidades marginadas del país y lograr poco a poco, junto a los habitantes de cada entidad, el desarrollo de herramientas que les permitan mejorar problemáticas comunes y específicas, las cuales se han mantenido o acrecentado debido a la condición de marginación y opresión que por años han tenido. A través de proyectos que promueven la salud humana y veterinaria, la educación y el uso sustentable de recursos naturales, actualmente la brigada en crecimiento constante trabaja con un equipo de cien voluntarios, dos veces al año durante dos semanas, en comunidades de diversos estados, Tabasco, Chiapas y ahora en Guerrero.

Frente a las actuales acciones restrictivas que se viven no sólo en Ciudad Universitaria sino en cada una de las sedes educativas de la UNAM; ante la insistencia de los directivos por modificar los planes de estudio en beneficio de una educación técnica y desvinculada con las necesidades del pueblo; bajo la influencia de medios masivos de comunicación y de dinámicas culturales que cosifican, promueven el individualismo y consumismo, y que difunden una imagen negativa de las luchas colectivas, la defensa organizada de los espacios universitarios que nos permiten realizar actividades académicas, recreativas y organizativas es sumamente importante, por lo que los esfuerzos por vincularnos como estudiantes con más colegas y con la sociedad en general no deben perderse.

La UNAM sufre hoy día una crisis, como el resto del país, la parte más cruenta de esta crisis es que la “universidad de la nación”, cada vez lo es menos, es imprescindible, en defensa de una universidad del pueblo y para el pueblo, rescatar los vasos comunicantes que aún existen entre la nación y la universidad así como potencializar los que durante años han luchado por mantenerse. Hoy las palabras que Allende (1972) pronunció en la universidad de Guadalajara, retoman su vigencia y se hacen aún más urgentes:

“tengo la certeza de que la obligación patriótica de ustedes es trabajar en la provincia fundamentalmente, vinculada a las actividades económicas, mineras o actividades industriales o empresariales, o a las actividades agrícolas; la obligación del que estudió aquí es no olvidar que esta es una universidad del Estado que la pagan los contribuyentes, que en la inmensa mayoría de ellos son los trabajadores.”

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SE REALIZÓ EL ENCUENTRO NACIONAL DE ACCIÓN REVOLUCIONARIA

El pasado 15 de julio se realizó el Encuentro Nacional de Acción Revolucionaria en la comunidad de Tototepec, Montaña Alta de Guerrero. Este Primer Encuentro contó con la presencia de trabajadores del magisterio, de la salud, de la energía y de la cultura y las artes; jóvenes y estudiantes de distintas escuelas y facultades de la UNAM, del IPN, de la BUAP, de la UASLP y de la UAZ, en su gran mayoría agrupados dentro del desarrollo de la XXI Edición de la Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México que organiza la Juventud Revolucionaria del GAR.

En el evento participó una importante delegación del estado de Puebla; compañeras y compañeros de Zacatecas; de Ciudad Juárez, Chihuahua; así como una compañera integrante de procesos unitarios de lucha de San Luis Potosí.

Por supuesto, en este Primer Encuentro tuvieron presencia las compañeras de Rosas Rojas, quienes activamente participaron y aportaron hacia la construcción de los resolutivos y conclusiones.

Por último y no menos importante, nos acompañaron las autoridades comunitarias, el Comisario de Bienes Comunales y los Principales de la comunidad anfitriona, quienes saludaron el encuentro a nombre de la comunidad, resaltando su importancia; también se sumaron a algunas de las mesas de trabajo escuchando y participando del debate.

Así el encuentro se desenvolvió de forma distinta en cada una de las mesas de trabajo; aportaciones importantes para fortalecer la política, tareas y elementos organizativos que nos permitan intervenir en los próximos escenarios que se desarrollen en México, con una perspectiva internacionalista.

El gran aporte de este encuentro fue su gran heterogeneidad de ideas que se vertieron y rescataron en todas las mesas de trabajo, lo que implicó un enorme esfuerzo para el desarrollo de una política unitaria a partir de todos los puntos de vista, con un enfoque multiregional y nacional.

Si bien en algunos aspectos hubo más debate sobre cómo intervenir en el escenario actual, con qué política y bajo qué programa, los resultados del Encuentro son tremendamente positivos y nos preparan colectivamente para lo que viene los meses siguientes, con perspectiva de lucha y desde una posición de clase.

Desde el Grupo de Acción Revolucionaria saludamos la celebración de este Primer Encuentro; informamos que por nuestros medios estaremos dando a conocer de los resultados del mismo, en materiales para su libre distribución, análisis y discusión, que contengan con amplitud el contenido presente en el Encuentro Nacional de Acción Revolucionaria. ¡Espéralos!

¡Viva el Primer Encuentro Nacional de Acción Revolucionaria!

¡Por una alternativa obrera y socialista!

¡Lucha, vencer!

Grupo de Acción Revolucionaria: Juventud Revolucionaria, Rosas Rojas