Archivo de la etiqueta: Moissen

POSICIONAMIENTO DE ROSAS ROJAS – GAR ANTE LA DENUNCIA PÚBLICA DE VIOLENCIA SEXUAL EN CONTRA DE SERGIO MOISSEN

1. Reflexión ante los casos de acoso dentro del movimiento social de izquierda
En Rosas Rojas manifestamos nuestro rechazo total y categórico a que algún miembro de cualquier organización política, abuse, agreda o violente a una compañera.
Retomando elementos de discusiones al respecto. Somos las feministas quienes sacamos a la luz pública, quienes hemos denunciado, la violencia sistemática que históricamente han ejercido los hombres contra las mujeres. Así, después de alrededor de cinco mil años de patriarcado, la humanidad “se enteró” que existe violencia en la relación conyugal, el hogar y el entorno familiar hacia las mujeres. “Descubriendo también que en estos ámbitos se establecen relaciones de explotación y dominación, es decir, de poder; y que por tanto son ámbitos políticos y no privados. De ahí nuestra definición: lo personal es político y la lucha por la abolición de la familia, como una de las principales instituciones al servicio del patriarcado.
De igual manera, las feministas revelamos que existía y que aún existe, violencia contra las mujeres en los ámbitos de la lucha social y política: sindical, obrera, de izquierda, de clase, campesina, jornalera, indígena, racial, partidaria, guerrillera, político-militar, por parte de los propios compañeros con quiénes se lucha conjuntamente, y que son quienes paradójicamente luchan férreamente contra los sistemas y aparatos de opresión.
Es complicado hablar de violencia contra las mujeres al interior de las propias organizaciones que luchamos por un sistema justo. Muchos integrantes no la reconocen, impiden que se denuncie y algunos exigen se mantenga el conflicto al interior de la esfera organizativa (como sucede en la esfera doméstica), evitando así, tanto lograr justicia dentro de dichos espacios, cómo generar verdaderos procesos de cambio; acusando muchas veces a las denunciantes como traidoras a la organización. Sobre todo si se trata de líderes y dirigentes que encabezan dichas organizaciones y luchas, porque se supone son una guía y autoridad en el combate contra los opresores, condición que en muchas ocasiones los ha llevado a ser intocables y, en algunos otros casos, incluso venerados.
Este sentido resulta importante no perder de vista que las situaciones de violencia contra las mujeres se dan en múltiples espacios: en el hogar, en la escuela, en el trabajo y en organizaciones de izquierda de todo tipo: socialistas, comunistas, anarquistas, sindicalistas, socialdemócratas, e incluso en organizaciones de mujeres y de mujeres feministas, como es el caso de Julieta Paredes, fundadora del Feminismo Comunitario en Bolivia. Sobre este último punto reflexionamos que el hecho de ser mujeres feministas no nos hace en automático inmunes a reproducir los patrones patriarcales impuestos por esta sociedad.
Y es que es precisamente la sociedad capitalista patriarcal en la que vivimos, la que nos llevado a la reproducción de prácticas machistas, misóginas y patriarcales; éste sistema político, económico, social y cultural que es reproducido por las instituciones que conforman al Estado capitalista, desde la iglesia, la familia, el ejército hasta los medios de comunicación masiva y la academia.
Las mujeres y hombres que vivimos en esta sociedad, somos hijas e hijos del patriarcado; desde pequeñas y pequeños nuestra educación ha sido patriarcal, imponiendo a los hombres tener actitudes controladoras, dominantes y represivas, mientras que a nosotras nos imponen la sumisión, nos llaman “el sexo débil” y nos conminan a dedicar nuestra vida al cuidado de la familia: del hombre y de los hijos.
De esta manera, la gente que se organiza, la gente que lucha, no está exenta de reproducir patrones machistas y patriarcales; todo el tiempo estamos reproduciendo estas contradicciones.
Lo anterior sucede porque llevamos internalizado al patriarcado dentro de nosotras y nosotros mismos -parte de lo que Marx llamaba la ideología dominante y la falta de una conciencia de clase integral. El patriarcado no se reduce solamente a un sistema económico, político, social y cultural externo que nos oprime desde fuera, lo más grave y peligroso es que éste se internaliza dentro de nosotras y nosotros mismos, como un virus en el cuerpo. Si no trabajamos la despatriarcalización permanente, lo reproduciremos constantemente a lo largo de nuestra vida y dentro de nuestras propias organizaciones. Por lo anterior no compartimos la postura de que sólo con la revolución socialista acabaremos con la opresión de las mujeres y creemos firmemente en dar la batalla dentro de las organizaciones y partidos mixtos, contra el machismo, la misoginia y todo tipo de violencia contra las mujeres, sin dejar de hacer nuestros propios procesos en los espacios que hemos determinado sólo para nosotras.
En el caso de las organizaciones que luchamos por el socialismo, pensamos que no hemos puesto suficiente atención en las metodologías feministas de despatriarcalización interna, tanto cultural y sexual, como psicológica, emocional, mental e inclusive espiritual. Es decir, dejamos de poner atención en la revolución externa/interna que proponía el feminismo radical de los 70s, porque muchas organizaciones aún no han retomado al feminismo como parte de sus programas de lucha.
Una lucha social que sólo se da al exterior es patriarcal, porque no considera lo interno; deja fuera la otra mitad de la realidad social: la individual, personal, privada, sexual, psícológica, íntima y espiritual. Nosotras afirmamos que ambas deben darse sincrónicamente, ni una primero ni otra después. Una revolución interna/externa, es perspectiva del feminismo socialista verdaderamente revolucionario.
Cuando un militante, colectivo, comunidad, organización, partido, movimiento, guerrilla, gobierno popular o revolucionario, no realiza este trabajo interno de despatriarcalización, corre el peligro de reproducir y caer constantemente en conductas patriarcales: la imposición de perspectivas o metodologías políticas, abuso de autoridad, sometimiento de los demás, control de la vida de los participantes, agresiones y violencia. Así como la utilización de los movimientos político sociales para beneficio propio, oportunismo, desviación de las luchas político sociales, hasta corrupción, engaño, demagogia y traición; creando tiranos o dictadores.
Las organizaciones que nos reivindicamos de izquierda con un proyecto anticapitalista, siempre hemos estado en la mira por rechazar al actual régimen de explotación y opresión impuesto por el sistema capitalista patriarcal; ante este hecho hay un mayor juicio moral hacia nosotros pues “¿cómo es que unos revolucionarios que quieren transformar la sociedad desde la raíz, incurren en prácticas machistas?”; Y sí, deberíamos predicar con el ejemplo.
Como ya expusimos, el hecho de ser revolucionarias o revolucionarios, incluso feministas, no nos excenta de reproducir prácticas patriarcales. Las organizaciones de izquierda sí debemos tomar como principio fundamental de nuestra organización, la transformación de la forma en que nos relacionamos hombres y mujeres; acabar las relaciones de opresión. Construir de manera militante un camino, un método, hacia nuestra propia despatriarcalización. Es un imperativo ético y político avanzar hacia esa condición.
2. Sobre la denuncia por violencia sexual contra Sergio Moissen
Respecto a la denuncia por parte de una compañera contra Sergio Moissen y expuesta por un grupo de organizaciones feministas el 30 de mayo, inicialmente decimos que no conocemos a la compañera denunciante, pero creemos en su honestidad como mujer afectada por la violencia, nos pronunciamos categóricamente contra cualquier acto de violencia sexual por parte de cualquier dirigente de cualquier organización socialista, comunista, anarquista o de cualquier tipo, que diga estar de este lado de la trinchera en la lucha de clases. Las organizaciones de izquierda no podemos tolerar ningún acto de violencia hacia las mujeres, más si se trata de un acto tan grave, como lo es la violencia sexual.
Desde Rosas Rojas sostenemos que debe realizarse una investigación formal, ya que este caso se encuentra en la esfera pública, que garantice, por principio feminista irreductible, la protección, trato justo, atención psicológica y emocional, el acompañamiento y la no revictimización de la compañera que levantó la denuncia; es decir métodos feministas, lo que para ella sea necesario y esté de acuerdo.
También creemos que a ninguna compañera se le puede impedir que manifieste o denuncie una situación de este tipo, en los medios que considere necesarios, ni se le intimide o acose; por el contrario, eludir este debate que se hizo público, así como la responsabilidad sobre la acción denunciada, fue a todas luces incorrecto y colocó a Moissen y a su organización en total tela de juicio.
En el caso de su relación laboral, Sergio Moissen ya fue despedido por las autoridades de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, aparentemente por este hecho; y decimos “aparentemente” porque en realidad se trata de una simulación de la UNAM para desviar la atención sobre su fracaso en los protocolos de violencia contra las mujeres.
Desde Rosas Rojas – GAR nos hemos sumado a las denuncias recientes contra Marcelino Perelló o contra Seymur Espinoza, pero también hemos sido pieza activa en las denuncias de lo que ocurre diariamente en facultades como Ingeniería y Ciencias, llegando a hacer diferentes acciones para evidenciar y denunciar el asqueroso clima de contubernio que hay entre funcionarios de la UNAM y acosadores (Véase “Indignación en la UNAM” en https://goo.gl/VKxl8X), lo cual se reveló nuevamente en la marcha de repudio al feminicidio de Lesvy Osorio.
Hemos visto con mucha indignación cómo han pasado los años y no se ha actuado sistemáticamente para erradicar el acoso y la violencia contra las mujeres en la UNAM. Dejando así, a la mayor parte de casos gravísimos de feminicidios de mujeres estudiantes de la década pasada en el olvido. Entonces, nos parece profundamente extraño que la autoridad universitaria sí actúa tan rápidamente contra Moissen y sigan dejando impunes las acciones de violencia que se viven en la UNAM diariamente.
No decimos que a Moissen se le privilegie y se le otorgue la misma inmunidad que se le ha dado a cientos de denunciados; sostenemos que la verdadera justicia no llegará del lado de las autoridades universitarias, quienes han demostrado que simplemente no les importa los casos de violencia, llegando a ser cómplices de la misma.
Manifestamos que debemos estar alertas sobre la utilización de estas situaciones como un arma de la derecha y de las instituciones de represión del Estado, para desacreditar a los movimientos sociales que luchan por cambiar las condiciones de violencia, opresión y explotación; que los funcionarios de la UNAM aprovechan de forma oportunista estos hechos como un instrumento político para golpear. 
Moissen ha presentado ya su testimonio y tiene el derecho a ser escuchado y pensamos que se le debe garantizar el derecho a presentar las pruebas necesarias para defenderse; no sólo como un ejercicio obligado protocolariamente, sino también para que pueda darse ese proceso de interiorización crítica, fundamental para ir erradicando este tipo de prácticas y conductas. En nuestra opinión, Sergio Moissen debe renunciar públicamente a su actividad política y a su militancia en el MTS mientras la investigación se realiza y se comprueba.
También consideramos con todas las diferencias que tenemos con su actuar político, que el MTS y Pan y Rosas, tienen derecho a exigir y a vigilar que el proceso de investigación se lleve conforme al protocolo; que no sea aprovechado por organizaciones o grupos de poder, al interior o fuera de la UNAM, o cualquier otro grupo o individuos quienes tengan diferencias políticas con estas agrupaciones, para linchar políticamente todo su trabajo, en un ajuste de cuentas mañoso y sucio.
Finalmente queremos hacer un llamado público a la reflexión al MTS y, particularmente, a Pan y Rosas, a que revisen sus prácticas políticas, ya que en múltiples ocasiones se han publicado quejas contra sus métodos de intervención impositivos, abusivos y varias veces oportunistas dentro de la propia lucha social, por parte de otras organizaciones de mujeres.
Entendemos qué también por ello se da más eco y respuesta a las denuncias como la publicada el 30 de mayo; creemos que las y los socialistas tenemos la obligación ética de desarrollar la capacidad autocrítica, reconocer nuestros errores y enmendarlos.
Llamamos a las compañeras de los grupos y colectivas feministas y a quienes de manera individual apoyaron la presentación pública de la denuncia de la compañera, y a todas las colectivas interesadas, a que juntas formulemos un método para prevenir, sancionar y superar las conductas patriarcales, misóginas y machistas al interior del movimiento social, pues si algo más evidencia esta situación, es la falta de metodologías que nos ayuden a enfrentar estas faltas, bajo un debido proceso que desde una perspectiva feminista de izquierda, de clase, manifieste abiertamente el mundo por el cual luchamos y la sociedad que queremos construir.
Agrupación de Mujeres Feministas Socialistas – Rosas Rojas Grupo de Acción Revolucionaria
Anuncios