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18 de Marzo, nada qué celebrar ¡RENACIONALIZACIÓN SIN PAGO DE LA INDUSTRIA ENERGÉTICA EN SU CONJUNTO!

Walter J. Ángel

A 80 años de la expropiación petrolera donde Lázaro Cárdenas lleva a plano Constitucional la lucha de los trabajadores de la industria petrolera, hoy la industria energética se encuentra en su peor momento.

Las promesas con las cuales se comenzó la privatización de la industria energética en 2013, por supuesto no se iban a cumplir. El interés de Enrique Peña Nieto es y seguirá siendo, que las empresas privadas y extranjeras tengan participación en la producción nacional de hidrocarburos y electricidad, principalmente las estadounidenses; favoreciéndose de las inversiones del Estado realizadas por Pemex y la CFE al ser éstas despojadas de sus infraestructura e información estratégica, para otorgarla a precios ridículos a las empresas privadas y extranjeras; condenando la seguridad energética y nacional a los designios del vecino del norte.

En el caso de los hidrocarburos, las actuales “Rondas de Licitaciones” son la fabricación artificial de un mercado, innecesario, que Petróleos Mexicanos venía desarrollando sin ningún problema. Hoy no sólo la plataforma de producción ha caído, sino que se ha cedido áreas con importantes recursos petroleros a las corporaciones, mismas que controlan los recursos y el territorio de forma total; sin la capacidad de que puedan ser fiscalizadas. Además, estás mismas empresas comercializan su producción de hidrocarburos con otra empresa Privada de nombre Trafigura. De esta manera, la comercialización del total de los hidrocarburos de México, es realizada hoy por corporaciones privadas y extranjeras. Después del buen trato entre privados, estos decidirán cuánto pagan de contraprestación al Estado.

Los contratos entregados en estas rondas de licitación, son violatorios de la propia legislación aprobada por el PRI-PAN y posteriormente validada por el PRD en las Leyes Secundarias. La voracidad del negocio de hidrocarburos impide que puedan respetar la legislación que ellos mismos aprobaron. La opacidad detrás de los contratos y la asimetría frente a las asignaciones de Petróleos Mexicanos es evidente.

La competitividad promovida desde el Itam representa el debilitamiento de Pemex y de la CFE para que las empresas Privadas puedan “competir” y crear nuevos monopolios como el de BlackRock en la Ronda 1 o el de Shell en la Licitación 4 de la Ronda 2.

La realidad de la reforma en energética en la apropiación de los hidrocarburos por parte de empresas privadas y extranjeras, para acelerar la producción y exportación de crudo a cambio de contraprestaciones mínimas para el Estado, sin ningún plan ni proyecto superior a la de una república bananera; control territorial y de las reservas estratégicas en energéticos y debilitamiento hasta la quiebra de Petróleos Mexicanos.

En el caso de la petroquímica y la producción de petrolíferos sigue la misma tendencia. Se trata de aumentar las importaciones de combustibles, debilitar el parque de refinación y la capacidad de producción nacional de combustibles; favorecer el mercado de energéticos del vecino del norte (incluido el gas); dar negocio a importadores y expendedores de combustibles, quienes se apropian del diferencial del precio de referencia (Bahía de Houston) y de las variaciones del tipo de cambio peso/dólar, además de recibir estímulos fiscales por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP); seguir el debilitamiento de los complejos petroquímicos y ceder la industria a empresas privadas y extranjeras como Mexichem; rematar los complejos y activos y generar a partir de las inversiones públicas nacionales, una fuerte industria privada.

Las consecuencias de esta política son claras: aumento en los precios de los combustibles y el costo de la vida; una inflación sostenida del 7%; aumento del déficit comercial con Estados Unidos; baja recaudación fiscal por parte de Hacienda en materia de combustibles y por tanto aumento de impuestos en otros rubros; debilitamiento de los ingresos del Estado y una crisis mayor en la economía nacional que está recargada en la exportación y venta de hidrocarburos y en los impuestos a combustibles. Esos son algunos resultados de la Reforma Energética.

Desde el Grupo de Acción Revolucionaria insistimos que la lucha por la renacionalización sin pago de la industria energética en su conjunto es crucial para el futuro energético nacional, para la soberanía energética y para la seguridad nacional; que debemos expulsar a las transnacionales que se benefician de las inversiones públicas y que comienzan a utilizar tecnologías que comprometen el futuro energético y ambiental de nuestro país. Que cualquier alternativa que no plantee atacar de forma directa al capital no debe estar en el interés de las masas empobrecidas por las reformas.

En ese sentido, llamamos a recuperar las banderas de la renacionalización de la industria y los recursos naturales estratégicos y a expulsar al imperialismo de nuestro país; utilizando a los recursos energéticos como palanca del desarrollo nacional que tenga por inicio la industrialización para romper la profunda dependencia a la que estamos sometidos.

3n1-europapress

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RONDAS PETROLERAS PARA EL CAPITAL PRIVADO Y EXTRANJERO Y SUS SOCIOS FINANCIEROS

En estos momentos se lleva a cabo el proceso de presentación de la llamada Ronda 2.3, correspondiente a la Ronda 2 del Plan de Licitaciones para la Extracción de Hidrocarburos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos.

Estas Rondas de licitaciones son un mecanismo de extracción acelerada de Hidrocarburos, con el fin de favorecer el piso de exportación y venta de petróleo crudo, principalmente a los Estados Unidos, país al que México exporta sin interrupción cerca de la mitad de la producción de hidrocarburos.

Las Rondas de Licitaciones en materia de hidrocarburos en México son una verdadera subasta del territorio nacional; debido a las modificaciones propuestas por las empresas transnacionales de la energía, el órgano regulador en materia de hidrocarburos, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), no tiene poder sobre las áreas adjudicadas a las empresas privadas y extranjeras y sus socios financieros.

Las bases de licitación y los contratos que firma el gobierno de Peña Nieto a través de la la CNH, contempla que esta última sólo puede ser observadora del proceso de trabajo petrolero desarrollado en las áreas adjudicadas a las empresas transnacionales; lo que favorece a que la producción, prácticas y cualquier evento que ocurra en las áreas territoriales subastadas, sólo será de conocimiento de las empresas privadas y extranjeras.

Esto tiene consecuencias inmediatas, por principio, la imposibilidad de ingresar al territorio adjudicado; en segundo lugar que el Estado debe confiar ciegamente que las empresas privadas y extranjeras realmente le están reportando la producción de hidrocarburos desarrollada en el área; tercero, en caso de ocurrir una practica equivocada y con consecuencias ambientales severas, la CNH no puede más que emitir recomendaciones y sugerencias, pero no obstruir el proceso de trabajo petrolero de la empresa en cuestión.

En el link de abajo puedes seguir la subasta del territorio nacional a favor de privados y extranjeros:

LA SITUACIÓN INTERNACIONAL Y AMÉRICA LATINA; UN BALANCE CRÍTICO

El sistema capitalista mundial atraviesa por una profunda crisis, una crisis estructural que se sustenta en el descenso de la tasa de ganancia, pero sobre todo, en la crisis de relaciones sociales del capital.

La burguesía mundial busca nuevos patrones de acumulación, recargando la crisis en los hombros de la clase trabajadora. Las condiciones mínimas para los trabajadores cada vez se ven más mermadas, las vacaciones, el día de descanso, la extensión de las jornadas de trabajo, la jubilaciones y pensiones, se han vuelto el blanco de los capitalistas ante la crisis mundial.

Estas condiciones se presentan lo mismo en los llamados países desarrollados como en los países dependientes o del llamado tercer mundo. Las libertades son atacadas lo mismo en Francia y Estados Unidos que en México y Brasil.

Crisis en América Latina
La bancarrota capitalista se ha magnificado en América latina como consecuencia de su dependencia extrema del mercado mundial. Golpeada por la quiebra hipotecaria y financiera de Estados Unidos y Europa, fue alcanzada enseguida por la reactivación del mercado mundial de materias primas, como consecuencia del rescate fiscal que impulsaron en especial Estados Unidos y China. Este rebote provocó un gigantesco endeudamiento público y privado, en especial por las operaciones de carry trade, y en consecuencia el desarrollo de un endeudamiento interno hipertrofiado y usurario. La “recaída” ulterior de la crisis mundial -Europa en 2012 y China en 2014-, que hundió el mercado de materias primas y desató una fuga intensa de capitales, volvió a llevar a los principales países del continente a un cuadro de bancarrota efectiva o potencial. Con una deuda pública de alrededor del ciento por ciento del PBI, la crisis política en Brasil podría desatar una situación de default (suspensión de pagos, insolvencia o cesación de pagos). En resumen, el nacionalismo burgués llegó a su apogeo político en el ascenso de este ciclo secundario de la crisis y se derrumbó en el retroceso de ese mismo ciclo.

Ahora, América Latina asiste a un nuevo episodio, considerablemente más grave, del largo ciclo iniciado con la crisis mexicano-argentina de 1982. Las crisis políticas en las metrópolis (Trump, Brexit, Francia, Italia) y la acentuación de la tendencia a la desintegración de la economía mundial (guerra comercial, principio de disolución de la UE y de la zona euro), solamente pueden agravar la tendencia a la crisis conjunta latinoamericana.

La apelación a la apertura económica y al socorro financiero internacional por parte de los nuevos gobiernos de filiación derechista, se encuentra en contradicción con la tendencia a la guerra comercial internacional, por un lado, y con la crisis de sobreproducción y financiera de China por el otro. Gobiernan, en Brasil y en Argentina, sobre la base de coaliciones políticas precarias, unidas por el temor a nuevas crisis políticas, bancarrotas y alzamientos populares. Obtienen del capital financiero un socorro que potencia la crisis con el pretexto de superarla, y que representa, por sobre todo, una salida efímera para los capitales ficticios que dominan el escenario financiero internacional. No existe una corriente de inversiones productivas, por la misma razón por la que escasean en las propias metrópolis y por el impasse de conjunto del proceso de globalización.

En Brasil se manifiesta un proceso aún más extraordinario: el desmantelamiento de una parte significativa de la estructura industrial, como consecuencia de las denuncias de corrupción en gran escala montadas desde el Departamento de Justicia y el gobierno de Estados Unidos y los monopolios petroleros internacionales.

Donald Trump
La clase obrera mundial sabía perfectamente cuales serían las consecuencias del arribo al poder de Donald Trump, quien a través del discurso de odio, racismo, violencia machista y homofobia confronta a los trabajadores entre sí como enemigos, perdiendo de vista que el enemigo es la burguesía que se beneficia de esta situación.

La guerra e intervencionismo imperialista sigue siendo la pauta de la política exterior norteamericana, los bombardeos en Siria y Afganistán no cesan y las tensiones y amenazas de guerra a Corea del Norte siguen siendo la pauta de una política de control imperialista. El triunfo de Trump puso en el centro de análisis el profundo racismo que habita en las clases adineradas y en amplios sectores de la población de Estados Unidos, que también padecen los estragos de una política interna que sigue sin dar muestras de claridad o mejora para los trabajadores del Norte.

Trump llegó al gobierno para profundizar el saqueo y depredación capitalista mundial y donde gobiernos que asumen una posición semicolonial ejecutan las políticas dictadas desde Washington en contra de la clase trabajadora, casos como Brasil, Argentina y México dan claras muestras de esta realidad en América Latina.

La reciente actuación del canciller Videgaray en la cumbre de la OEA de junio pasado realizada en Cancún, México, muestra como la política exterior mexicana se enfoca en ejecutar los mandatos norteamericanos ante las miradas atónitas de la opinión pública mundial, que observaba a un canciller mexicano más preocupado por ejecutar la línea de Washington contra Venezuela que por una protesta de dignidad ante el resto de países por los ataques y el discurso de odio de Donald Trump contra los mexicanos y sobretodo con una política interior omisa y cínica de un Estado que pretende mostrar una imagen falsa al mundo, la violencia en nuestra país alcanza niveles alarmantes, asesinatos, desapariciones, feminicidios, día a día van en aumento y resulta que Videgaray se asume como el gran juez ético de lo que ocurre en el país sudamericano.

Crisis imperialista y del nacionalismo burgués
América Latina asiste, hasta cierto punto, a un fenómeno excepcional. De un lado, al derrumbe de los regímenes nacionalistas burgueses y frentepopulistas que fueron empujados al poder por diferentes episodios de la crisis mundial de los 90 y por el agotamiento de las tentativas neoliberales precedentes; por otro, a una rápida crisis de los gobiernos que han venido a reemplazarlos por distintos medios políticos, electorales o golpistas. En resumen, asistimos a la conjunción de la crisis de dos formas de dominación política que se sucedieron y alternaron en el último cuarto de siglo.

Desde la crisis asiática de 1997-98 hasta el comienzo de la crisis de China, en 2014, la emergencia de gobiernos de corte nacionalista fue un resultado indirecto de crisis económicas y grandes sublevaciones de masas (desde la guerra del agua hasta la insurrección de octubre de 2003 en Bolivia, varias insurrecciones en Ecuador, el “argentinazo” y el “caracazo”, luchas agrarias en Paraguay y en Honduras), o de crisis financieras y luchas populares, en particular en Brasil, como prevención política frente a potenciales situaciones pre-revolucionarias.

Lo peculiar del momento ulterior, actual, en particular con el desplome del gobierno golpista de Michel Temer en Brasil, es la evidencia de una inviabilidad de las salidas alternativas de nuevo corte neoliberal. Esto vale también para la incipiente crisis política del gobierno de Horacio Cartes en Paraguay, las luchas que ha desatado la política del gobierno de Mauricio Macri en Argentina, un probable juicio político en Honduras y, no menos importante, el default económico y político de Puerto Rico. América latina atraviesa por una experiencia singular, como es la crisis sucesiva de formas de sucesión política.
Esta crisis conjunta se manifiesta en Venezuela, donde se combinan el agotamiento completo de la experiencia chavista y la inviabilidad irreversible del gobierno de Nicolás Maduro, por un lado, y la impotencia de la oposición de derecha y del imperialismo para organizar una sucesión “indolora”. En Venezuela se ha formado un “gobierno de facto” que deja abierta la perspectiva de un golpe y un gobierno militar, por una parte, una cadena sucesiva de crisis que podrían derivar en el desarrollo de situaciones revolucionarias, por la otra.

El nacionalismo burgués ha vuelto a demostrar su incapacidad histórica. Lo atestigua la debacle del chavismo. Ha pasado de un sistema plebiscitario a un régimen de facto y represivo. El desabastecimiento y una inflación galopante hacen las veces de medio del “ajuste”, cuya finalidad es el pago de la deuda externa.

Las masas explotadas han comenzado a advertir, en América Latina, que detrás de las políticas de “ajuste estructural”, liquidación de derechos laborales y sociales y privatización generalizada, opera una crisis política de conjunto. Las crisis sucesivas van enseñando que no existe salida social para la mayoría popular bajo la dominación política burguesa.

La izquierda revolucionaria y sus desafíos
Esta crisis conjunta del nacionalismo burgués y de la derecha proimperialista coloca a la izquierda revolucionaria ante un desafío objetivo, en su calidad de fuerza política en presencia, en sindicatos, en el movimiento de mujeres, el magisterio y los estudiantes y la juventud, y en los lugares de trabajo y organizaciones de desocupados; y en el campo electoral y parlamentario. Para una parte de la izquierda, sin embargo, la conquista de las masas se identifica con la adaptación a la emigración defraudada del nacionalismo, en oposición a una franca política de construcción revolucionaria en base a una lucha de clases cada vez más política y más intensa. En Venezuela, la izquierda marcha con el chavismo disidente en torno de consignas comunes de la oposición de derecha.
Desde el Grupo de Acción Revolucionaria proponemos el desarrollo del Frente Único para la intervención en las actual crisis imperialista y en el agotamiento de las experiencias nacionalistas burguesas; no defendemos el “frentismo” sino el Frente Único como un método para impulsar la intervención de las masas. El proletariado coquistará el poder por medio de la homogenización política, o sea la construcción de su propia organización revolucionaria, el partido revolucionario. El frentismo en sí mismo equivale al movimientismo, donde la acción es todo y la estrategia política nada.

Al nacionalismo burgués decadente y en crisis oponemos la lucha por gobiernos obreros y campesinos y por la unidad socialista de América Latina, incluido Puerto Rico. La bancarrota de la menor de las Antillas debe servir para impulsar una gran lucha nacional en el Caribe, bajo la bandera de la unidad socialista de los pueblos caribeños. Es lo que dará. seguramente, un nuevo impulso a la Revolución Cubana.

Es hora de derribar esos gobiernos que solo atacan a los trabajadores, acólitos del imperialismo y sus transnacionales.