Archivo de la etiqueta: Violencia

VIOLENCIA EN LA UNAM

Exclusivo de Internet

Shahin Corona
En los últimos dos meses al interior de las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se han encontrado tres cuerpos de estudiantes.

El primero fue el de Lesvy Berlín Osorio Martínez, de 22 años de edad, que fue brutalmente asesinada mediante asfixia con el cable de una caseta telefónica en las instalaciones del Instituto de Ingeniería de la UNAM. Posteriormente, se encontraron los cuerpos de dos hombres: el primero correspondiente a Arturo Darío López, de 20 años, mismo que se encontró en alto grado de descomposición (al parecer se suicidó y los padres al enterarse de la noticia fueron a la SEMEFO a identificar el cuerpo) en las instalaciones de La Cantera de Club Pumas; y el segundo, corresponde al nombre de Víctor Manuel Orihuela, estudiante de la facultad de Odontología que supuestamente fue lanzado desde un edificio de la facultad de filosofía el pasado lunes 12 de junio.

En los tres casos, es alarmante la falta de claridad en los hechos por parte de las autoridades; en relación a Lesvy, de acuerdo con la información que revelan las autoridades universitarias, se revisaron las cintas de cinco cámaras, pero no se tiene certeza aún de los sucedido ya que casualmente el área donde fue abandonado el cuerpo de la joven estaba fuera del alcance de grabación; en el caso de Arturo, las cámaras no pudieron grabar el momento en que ocurrieron los hechos, y en cuanto a Víctor, la familia aún está a la espera de la entrega del video (ya se han revisado tres más, donde sólo se registran las últimas horas de vida de Orihuela) de una cámara ubicada en la biblioteca central. Con lo anterior, es evidente que en los tres casos se repite un patrón de respuesta por parte de las autoridades universitarias: esconder información con tal de no manchar la imagen de la máxima casa de estudios y tratar de hacer lo posible por minimizar los hechos con el fin de que estos pasen desapercibidos para bajar el costo político y su responsabilidad. Ahora resulta que la universidad ha sido elegida en menos de dos meses por tres distintos jóvenes para realizar en sus instalaciones su suicidio.

El hecho de que se puedan perpetrar asesinatos con tanta tranquilidad en las instalaciones de la UNAM, revela el fracaso de las medidas de seguridad represivas policíacas que han implementado las autoridades a lo largo de los años para garantizar “la seguridad” a toda la comunidad universitaria, pues ninguna de éstas sirvieron para evitar la muerte de estos estudiantes, o mínimo, aportar información para esclarecer los casos. Aunado a esto, la política que ha seguido la UNAM de no atender de forma oportuna diversas problemáticas al interior de la universidad como la venta y consumo de drogas en las instalaciones universitarias, ha ocasionado que esta situación llegue a niveles incontrolables.

La comunidad universitaria y su respuesta ante la violencia
La respuesta de los estudiantes de la UNAM ante estos hechos de suma violencia es dividida y contrastante. Por un lado, un sector de la comunidad universitaria cree que la solución está en reforzar las medidas de seguridad implementadas por las autoridades de la UNAM, como la instalación de un mayor número de cámaras vigilantes, botones de auxilio, unidades de auxilio UNAM, patrullas (tanto de vigilancia UNAM como querer la intromisión de las de la policía federal) custodiando entradas al campus y helicópteros sobrevolando ciudad universitaria.

Otro sector no sabe muy bien qué hacer, se encuentra atemorizado debido a que ya ni en su propia universidad se siente seguro, sin embargo sabe que el reforzamiento de las medidas implementadas hasta el momento no son la respuesta, pero es una situación que las autoridades deben de resolver.

Y estamos los que creemos firmemente que las medidas policíacas implementadas a lo largo de los años por las autoridades universitarias no son la solución, ya que están diseñadas para mantener un control hacia los estudiantes y sobre todo hacia aquellos que se organizan y no en erradicar todo tipo de violencia en la universidad. Y esto lo vemos claramente cuando sucede cualquier tipo de violencia dentro de las instalaciones de nuestra casa de estudios, y las cámaras, casualmente, no grabaron, no sirven, estaban en un ”punto ciego”. Se retienen las grabaciones, no se muestran a los familiares que buscan esclarecer los sucesos. Auxilio UNAM solapa a los vendedores de droga, saludándolos y cobrándoles “cuota” para que deambulen con toda tranquilidad; patrullas del mismo auxilio dedicándose sólo a asediar a estudiantes pero haciendo tratos con los narcomenudistas que la UNAM, dijo, “se siente comprometida a combatir”. Y no olvidemos que se menciona por parte del rector Graue, que hay que “abrir un diálogo para procurar la desocupación de nuestros espacios”, con lo que atañe la situación de violencia a la ocupación de espacios estudiantiles. La situación de violencia generalizada y alza de la delincuencia sucede, por supuesto, porque la UNAM no es una burbuja social aislada del contexto que vivimos en todo el país, pero en gran medida es gracias a las arbitrariedades, omisiones e impunidad dentro de la misma casa de estudios.

Consideramos que la seguridad de la universidad la debemos construir todos: los estudiantes, los trabajadores, los académicos; es un imperativo ético y político recuperar una seguridad comunitaria que además de brindar seguridad para todos, también contemple un programa de sensibilización y capacitación para toda la comunidad universitaria acerca de temas de seguridad, violencia y derechos que cada uno de nosotros tenemos, pugnando porque las autoridades dejen de ser omisas y se limiten a ofrecer paliativos protocolos de género como el “He for she”.

Las medidas anteriores se deben de discutir en asambleas por escuela para que se logre hacer partícipe a una gran parte de la comunidad universitaria para que juntos construyamos una universidad segura para todas y todos, libre de violencia, acoso sexual, discriminación y feminicidios y homicidios. Es tarea de cada uno de los estudiantes, profesores, trabajadores y egresados cuestionar las medidas que está tomando el rector Graue y las autoridades de la UNAM para solucionar los hechos de violencia que están pasando en la universidad, ya que no están a la altura de la grave problemática.

El pasado 12 de junio, universidades públicas como la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), Instituto Politécnico Nacional (IPN), Universidad Autónoma Metropolitana (UAM, planteles Iztapalapa y Azcapotzalco) y privadas como la Universidad Iberoamericana, firmaron un protocolo para erradicar la violencia hacia las mujeres y esclarecer los casos ocurridos en dichas instituciones universitarias así como en el país. Es inadmisible que a un mes de que se haya perpetrado un FEMINICIDIO al interior de las instalaciones universitarias, la UNAM no firme este pronunciamiento, y por si fuera poco, las autoridades no han colaborado lo suficiente para que el caso de Lesvy, Darío y Victor se esclarezcan y se obtenga justicia. Cabe mencionar que la situación de violencia dentro de la institución universitaria ya estaba dada, sólo que con estos últimos casos han dado un repunte público de la misma, siendo que la respuesta de las autoridades es siempre la misma: cobijo mediático por hipocresía u omisión descarada.

Debemos de llamar a un debate público a las autoridades de la UNAM para que nos informe de los avances de estos casos, su colaboración y cuáles son las medidas que ha implementado desde que estos casos han ocurrido.

Debemos exigir a la UNAM que haga partícipe a toda la comunidad universitaria en la toma de decisiones que se están implementando en materia de seguridad a través de mecanismos democráticos como son las asambleas.

Los estudiantes no podemos permitir que se cancelen nuestros derechos de libre tránsito, expresión, organización y participación política en la UNAM bajo su pretexto de garantizar nuestra seguridad.

LA INEXISTENTE SEGURIDAD EN LA UNAM

Ingrid A. Vázquez Zavala Consejera de la carrera de Biblitecología

Claudio A. Todd Chagoya Consejero de la Facultad de Economía

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tuvo un semestre (enero-julio 2017) marcado por la inseguridad, el feminicidio, la aparición de cuerpos y por una falta de explicación de la autoridades universitarias ante hechos tan lamentables. 

Los hechos que detonaron mediáticamente la inseguridad de la UNAM y de CU empezaron con el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio Martínez, de 22 años de edad, que fue brutalmente asesinada mediante asfixia con el cable de una caseta telefónica en las instalaciones del Instituto de Ingeniería de la UNAM. Posteriormente, se encontraron los cuerpos de dos hombres: el primero correspondiente a Arturo Darío López, de 20 años, mismo que se encontró en alto grado de descomposición en las instalaciones de La Cantera de Club Pumas; y el segundo, corresponde al nombre de Víctor Manuel Orihuela, estudiante de la facultad de Odontología que supuestamente fue lanzado desde un edificio de la facultad de filosofía y letras el pasado lunes 12 de junio.

Sin embargo, la inseguridad dentro de CU tiene todavía más antecedentes: el caso del trabajador asesinado en la Facultad de Química en junio del 2016 y el asesinato a mano armada del estudiante Carlos Sinuhé Cuevas Mejía de la facultad de filosofía y letras en 2011, por sólo mencionar un par de casos. Otro hecho evidente de inseguridad es el narcomenudeo que pulula en las zonas de CU denominadas las islas y los frontones; así como en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. 

Los hechos son evidentes: la UNAM en general y CU en particular no son ajenas a la crisis de seguridad que vive el país producto de la crisis económica y social del sistema capitalista. Pero las autoridades universitarias pecan de insensibilidad ante los hechos. Todo lo contrario, ante eventos tan lamentables como los casos de Lesvy, el trabajador de química y el  estudiante de odontología, las autoridades universitarias prefieren mantener la tranquilidad por medio de la falta de información y declaraciones oficiales, quizás con el fin de no manchar con la realidad a la máxima casa de estudios.   

Todos estos hechos son un campo de cultivo para que se den diferentes posiciones ante los hechos de inseguridad. El temor de muchos estudiantes al ser agredidos, asaltados e incluso hasta asesinados han generado cuestionamientos a las autoridades, pero estos no son homogéneos y responden a diferentes intereses. 

Por un lado, tenemos una fracción de la comunidad universitaria que acepta el paradigma dominante de seguridad; incluso exige su aumento y cumplimiento cabal. El paradigma dominante de seguridad se basa en la vigilancia constante por parte de autoridades, grupos policiacos, cámaras de vídeo y medidas represivas; así como la idea supuesta de que al tener mayor policía mejor sería la seguridad. Inclusive, los sectores más reaccionarios se levantan a favor de la entrada de la policía a las instalaciones universitarias, como si eso fuese a solucionar el problema.  

Esta posición a pesar de ser exigente en el tema de seguridad a las autoridades universitarias, en realidad es la que más la favorece. En primer lugar, porque se acepta que la responsabilidad de la seguridad viene desde arriba, es decir, desde la rectoría. Inclusive este órgano de gobierno cada día aumenta el número de cámaras de videovigilancia y medidas como restringir los accesos a los espacios universitarios. 

Por ejemplo,  el boletín emitido por la UNAM (http://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2017_327.html) que da a conocer sus 10 medidas frente a la inseguridad, las cuales no son nada innovadoras, más bien reafirman que la idea de seguridad en la UNAM es la del paradigma dominante. Las autoridades universitarias, como buena estructura burocrática, se encuentra cerrada ante cualquier oposición que afirme  el fallo y la insuficiencia de sus medidas policiacas y de vigilancia constante están fallando; mientras, el desmantelamiento del tejido social debido a la crisis capitalista aumenta y se refleja en CU. La máxima casa de estudios no tiene una propuesta para rearmar el tejido social, ni dentro de la UNAM y mucho menos para el país; y los lazos de convivencia entre estudiantes, maestros y trabajadores.  Otra serie de sectores de compañeras y compañeros, como el Grupo de Acción Revolucionaria (GAR), mantenemos una posición crítica ante el ya mencionado paradigma de la seguridad.

Denunciamos contundentemente que la implementación de medidas policiacas y de vigilancia son insuficientes, así lo prueban los hechos que mencionamos al principio de este artículo. Estas medidas son a conveniencia del poderío que ejercen las autoridades y la alta burocracia universitaria; las cuales reafirman su poder y sus intereses minoritarios.  La falta de una propuesta que fortalezca los lazos de convivencia entre estudiantes, maestros y trabajadores no es simplemente por falta de visión de las autoridades universitarias, sino porque atenta sus intereses como grupo de poder.  Poe ello, una propuesta de seguridad fuera del paradigma dominante, en realidad sólo podrá ser generada en espacios de discusión y organización de los tres sectores que conforman la comunidad universitaria. Para ello, se debe discutir una propuesta donde la seguridad se tome como un tema de convencía social y de organización de la base estudiantil, magisterial y de trabajadores. 

También cabe señalar que la Universidad debe regresar a su cometido histórico como generadora de propuestas en beneficio del pueblo trabajador; para así diseñar medidas que acaben con la severa crisis económica y social que atraviesa el país en particular. Sólo esto hará que el ambiente de inseguridad se diluya. 

POSICIONAMIENTO DE ROSAS ROJAS – GAR ANTE LA DENUNCIA PÚBLICA DE VIOLENCIA SEXUAL EN CONTRA DE SERGIO MOISSEN

1. Reflexión ante los casos de acoso dentro del movimiento social de izquierda
En Rosas Rojas manifestamos nuestro rechazo total y categórico a que algún miembro de cualquier organización política, abuse, agreda o violente a una compañera.
Retomando elementos de discusiones al respecto. Somos las feministas quienes sacamos a la luz pública, quienes hemos denunciado, la violencia sistemática que históricamente han ejercido los hombres contra las mujeres. Así, después de alrededor de cinco mil años de patriarcado, la humanidad “se enteró” que existe violencia en la relación conyugal, el hogar y el entorno familiar hacia las mujeres. “Descubriendo también que en estos ámbitos se establecen relaciones de explotación y dominación, es decir, de poder; y que por tanto son ámbitos políticos y no privados. De ahí nuestra definición: lo personal es político y la lucha por la abolición de la familia, como una de las principales instituciones al servicio del patriarcado.
De igual manera, las feministas revelamos que existía y que aún existe, violencia contra las mujeres en los ámbitos de la lucha social y política: sindical, obrera, de izquierda, de clase, campesina, jornalera, indígena, racial, partidaria, guerrillera, político-militar, por parte de los propios compañeros con quiénes se lucha conjuntamente, y que son quienes paradójicamente luchan férreamente contra los sistemas y aparatos de opresión.
Es complicado hablar de violencia contra las mujeres al interior de las propias organizaciones que luchamos por un sistema justo. Muchos integrantes no la reconocen, impiden que se denuncie y algunos exigen se mantenga el conflicto al interior de la esfera organizativa (como sucede en la esfera doméstica), evitando así, tanto lograr justicia dentro de dichos espacios, cómo generar verdaderos procesos de cambio; acusando muchas veces a las denunciantes como traidoras a la organización. Sobre todo si se trata de líderes y dirigentes que encabezan dichas organizaciones y luchas, porque se supone son una guía y autoridad en el combate contra los opresores, condición que en muchas ocasiones los ha llevado a ser intocables y, en algunos otros casos, incluso venerados.
Este sentido resulta importante no perder de vista que las situaciones de violencia contra las mujeres se dan en múltiples espacios: en el hogar, en la escuela, en el trabajo y en organizaciones de izquierda de todo tipo: socialistas, comunistas, anarquistas, sindicalistas, socialdemócratas, e incluso en organizaciones de mujeres y de mujeres feministas, como es el caso de Julieta Paredes, fundadora del Feminismo Comunitario en Bolivia. Sobre este último punto reflexionamos que el hecho de ser mujeres feministas no nos hace en automático inmunes a reproducir los patrones patriarcales impuestos por esta sociedad.
Y es que es precisamente la sociedad capitalista patriarcal en la que vivimos, la que nos llevado a la reproducción de prácticas machistas, misóginas y patriarcales; éste sistema político, económico, social y cultural que es reproducido por las instituciones que conforman al Estado capitalista, desde la iglesia, la familia, el ejército hasta los medios de comunicación masiva y la academia.
Las mujeres y hombres que vivimos en esta sociedad, somos hijas e hijos del patriarcado; desde pequeñas y pequeños nuestra educación ha sido patriarcal, imponiendo a los hombres tener actitudes controladoras, dominantes y represivas, mientras que a nosotras nos imponen la sumisión, nos llaman “el sexo débil” y nos conminan a dedicar nuestra vida al cuidado de la familia: del hombre y de los hijos.
De esta manera, la gente que se organiza, la gente que lucha, no está exenta de reproducir patrones machistas y patriarcales; todo el tiempo estamos reproduciendo estas contradicciones.
Lo anterior sucede porque llevamos internalizado al patriarcado dentro de nosotras y nosotros mismos -parte de lo que Marx llamaba la ideología dominante y la falta de una conciencia de clase integral. El patriarcado no se reduce solamente a un sistema económico, político, social y cultural externo que nos oprime desde fuera, lo más grave y peligroso es que éste se internaliza dentro de nosotras y nosotros mismos, como un virus en el cuerpo. Si no trabajamos la despatriarcalización permanente, lo reproduciremos constantemente a lo largo de nuestra vida y dentro de nuestras propias organizaciones. Por lo anterior no compartimos la postura de que sólo con la revolución socialista acabaremos con la opresión de las mujeres y creemos firmemente en dar la batalla dentro de las organizaciones y partidos mixtos, contra el machismo, la misoginia y todo tipo de violencia contra las mujeres, sin dejar de hacer nuestros propios procesos en los espacios que hemos determinado sólo para nosotras.
En el caso de las organizaciones que luchamos por el socialismo, pensamos que no hemos puesto suficiente atención en las metodologías feministas de despatriarcalización interna, tanto cultural y sexual, como psicológica, emocional, mental e inclusive espiritual. Es decir, dejamos de poner atención en la revolución externa/interna que proponía el feminismo radical de los 70s, porque muchas organizaciones aún no han retomado al feminismo como parte de sus programas de lucha.
Una lucha social que sólo se da al exterior es patriarcal, porque no considera lo interno; deja fuera la otra mitad de la realidad social: la individual, personal, privada, sexual, psícológica, íntima y espiritual. Nosotras afirmamos que ambas deben darse sincrónicamente, ni una primero ni otra después. Una revolución interna/externa, es perspectiva del feminismo socialista verdaderamente revolucionario.
Cuando un militante, colectivo, comunidad, organización, partido, movimiento, guerrilla, gobierno popular o revolucionario, no realiza este trabajo interno de despatriarcalización, corre el peligro de reproducir y caer constantemente en conductas patriarcales: la imposición de perspectivas o metodologías políticas, abuso de autoridad, sometimiento de los demás, control de la vida de los participantes, agresiones y violencia. Así como la utilización de los movimientos político sociales para beneficio propio, oportunismo, desviación de las luchas político sociales, hasta corrupción, engaño, demagogia y traición; creando tiranos o dictadores.
Las organizaciones que nos reivindicamos de izquierda con un proyecto anticapitalista, siempre hemos estado en la mira por rechazar al actual régimen de explotación y opresión impuesto por el sistema capitalista patriarcal; ante este hecho hay un mayor juicio moral hacia nosotros pues “¿cómo es que unos revolucionarios que quieren transformar la sociedad desde la raíz, incurren en prácticas machistas?”; Y sí, deberíamos predicar con el ejemplo.
Como ya expusimos, el hecho de ser revolucionarias o revolucionarios, incluso feministas, no nos excenta de reproducir prácticas patriarcales. Las organizaciones de izquierda sí debemos tomar como principio fundamental de nuestra organización, la transformación de la forma en que nos relacionamos hombres y mujeres; acabar las relaciones de opresión. Construir de manera militante un camino, un método, hacia nuestra propia despatriarcalización. Es un imperativo ético y político avanzar hacia esa condición.
2. Sobre la denuncia por violencia sexual contra Sergio Moissen
Respecto a la denuncia por parte de una compañera contra Sergio Moissen y expuesta por un grupo de organizaciones feministas el 30 de mayo, inicialmente decimos que no conocemos a la compañera denunciante, pero creemos en su honestidad como mujer afectada por la violencia, nos pronunciamos categóricamente contra cualquier acto de violencia sexual por parte de cualquier dirigente de cualquier organización socialista, comunista, anarquista o de cualquier tipo, que diga estar de este lado de la trinchera en la lucha de clases. Las organizaciones de izquierda no podemos tolerar ningún acto de violencia hacia las mujeres, más si se trata de un acto tan grave, como lo es la violencia sexual.
Desde Rosas Rojas sostenemos que debe realizarse una investigación formal, ya que este caso se encuentra en la esfera pública, que garantice, por principio feminista irreductible, la protección, trato justo, atención psicológica y emocional, el acompañamiento y la no revictimización de la compañera que levantó la denuncia; es decir métodos feministas, lo que para ella sea necesario y esté de acuerdo.
También creemos que a ninguna compañera se le puede impedir que manifieste o denuncie una situación de este tipo, en los medios que considere necesarios, ni se le intimide o acose; por el contrario, eludir este debate que se hizo público, así como la responsabilidad sobre la acción denunciada, fue a todas luces incorrecto y colocó a Moissen y a su organización en total tela de juicio.
En el caso de su relación laboral, Sergio Moissen ya fue despedido por las autoridades de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, aparentemente por este hecho; y decimos “aparentemente” porque en realidad se trata de una simulación de la UNAM para desviar la atención sobre su fracaso en los protocolos de violencia contra las mujeres.
Desde Rosas Rojas – GAR nos hemos sumado a las denuncias recientes contra Marcelino Perelló o contra Seymur Espinoza, pero también hemos sido pieza activa en las denuncias de lo que ocurre diariamente en facultades como Ingeniería y Ciencias, llegando a hacer diferentes acciones para evidenciar y denunciar el asqueroso clima de contubernio que hay entre funcionarios de la UNAM y acosadores (Véase “Indignación en la UNAM” en https://goo.gl/VKxl8X), lo cual se reveló nuevamente en la marcha de repudio al feminicidio de Lesvy Osorio.
Hemos visto con mucha indignación cómo han pasado los años y no se ha actuado sistemáticamente para erradicar el acoso y la violencia contra las mujeres en la UNAM. Dejando así, a la mayor parte de casos gravísimos de feminicidios de mujeres estudiantes de la década pasada en el olvido. Entonces, nos parece profundamente extraño que la autoridad universitaria sí actúa tan rápidamente contra Moissen y sigan dejando impunes las acciones de violencia que se viven en la UNAM diariamente.
No decimos que a Moissen se le privilegie y se le otorgue la misma inmunidad que se le ha dado a cientos de denunciados; sostenemos que la verdadera justicia no llegará del lado de las autoridades universitarias, quienes han demostrado que simplemente no les importa los casos de violencia, llegando a ser cómplices de la misma.
Manifestamos que debemos estar alertas sobre la utilización de estas situaciones como un arma de la derecha y de las instituciones de represión del Estado, para desacreditar a los movimientos sociales que luchan por cambiar las condiciones de violencia, opresión y explotación; que los funcionarios de la UNAM aprovechan de forma oportunista estos hechos como un instrumento político para golpear. 
Moissen ha presentado ya su testimonio y tiene el derecho a ser escuchado y pensamos que se le debe garantizar el derecho a presentar las pruebas necesarias para defenderse; no sólo como un ejercicio obligado protocolariamente, sino también para que pueda darse ese proceso de interiorización crítica, fundamental para ir erradicando este tipo de prácticas y conductas. En nuestra opinión, Sergio Moissen debe renunciar públicamente a su actividad política y a su militancia en el MTS mientras la investigación se realiza y se comprueba.
También consideramos con todas las diferencias que tenemos con su actuar político, que el MTS y Pan y Rosas, tienen derecho a exigir y a vigilar que el proceso de investigación se lleve conforme al protocolo; que no sea aprovechado por organizaciones o grupos de poder, al interior o fuera de la UNAM, o cualquier otro grupo o individuos quienes tengan diferencias políticas con estas agrupaciones, para linchar políticamente todo su trabajo, en un ajuste de cuentas mañoso y sucio.
Finalmente queremos hacer un llamado público a la reflexión al MTS y, particularmente, a Pan y Rosas, a que revisen sus prácticas políticas, ya que en múltiples ocasiones se han publicado quejas contra sus métodos de intervención impositivos, abusivos y varias veces oportunistas dentro de la propia lucha social, por parte de otras organizaciones de mujeres.
Entendemos qué también por ello se da más eco y respuesta a las denuncias como la publicada el 30 de mayo; creemos que las y los socialistas tenemos la obligación ética de desarrollar la capacidad autocrítica, reconocer nuestros errores y enmendarlos.
Llamamos a las compañeras de los grupos y colectivas feministas y a quienes de manera individual apoyaron la presentación pública de la denuncia de la compañera, y a todas las colectivas interesadas, a que juntas formulemos un método para prevenir, sancionar y superar las conductas patriarcales, misóginas y machistas al interior del movimiento social, pues si algo más evidencia esta situación, es la falta de metodologías que nos ayuden a enfrentar estas faltas, bajo un debido proceso que desde una perspectiva feminista de izquierda, de clase, manifieste abiertamente el mundo por el cual luchamos y la sociedad que queremos construir.
Agrupación de Mujeres Feministas Socialistas – Rosas Rojas Grupo de Acción Revolucionaria